miércoles, 31 de diciembre de 2014

Adiós 2014.

Este año no ha sido fácil pero tampoco voy a etiquetarlo como un año pésimo.
He tenido muchísimos días de lágrimas, muchísimos días que he querido que la tierra me tragase, que me he odiado a mí misma pero con el paso del tiempo las heridas comienzan a cerrarse y puedo decir que estoy muchísimo mejor que meses anteriores.

En Septiembre comencé en un nuevo instituto, nueva ciudad, nuevos compañeros ¡Estaba asustada! Me daba pánico el no caerles bien, en no ser bienvenida pero todo eso eran simples tonterías mías, me equivoqué una vez más. Hacía años que no tenía compañeros así, años que no me reía y me levantaba con ganas de ir al instituto, sin tener miedo, sin querer que acabase antes de que sonara la campana. Sin ellos saberlo, tengo que agradecerles muchísimo.

Otra navidad más está mis Gorritas de Bady, a ellas también tengo que agradecerles. Son como una familia para mí, es el único grupo con el cual no tengo vergüenza a decir nada. Las quiero como a nadie y ojalá muchísimas más navidades juntas porque si ellas no están, me faltaría algo.

También están Flamencas, no hace ni un año que el grupo existe, es nuestra primera navidad y se que a pesar de todos los baches que hemos tenido este año; Seguiremos cientos de navidades más.

¿Cómo olvidarme de las Extravergas? Son la alegría de la huerta, con ellas todo el tiempo son risas, bromas y cosas absurdas sin sentido. Me encanta lo que transmiten porque os juro que transmiten tantas cosas buenas, que eso prefiero quedármelo para mí.

Mi familia este año también ha estado ahí, sigue estando. A pesar de todos los contratiempos que nos ha regalado la maldita vida, seguimos ahí; Unidos.

Cristian. Cristian sigue estando aquí. A pesar de todo sigue estando. Me encanta poder celebrar otra nochevieja junto a él, aunque sea a distancia y él no piense en mí estos momentos, me encanta saber que él sigue existiendo, que está feliz en otra parte del mundo y que está cumpliendo todos sus sueños.
Este año me he dado cuenta de verdad cuanto le aprecio, no es que antes no supiera que le aprecio; Lo sabía pero este año han pasado tantas cosas que me he dado cuenta de la clase de persona a la que llevo años apoyando. Una persona buena, de gran corazón. Una persona que al final sabe ver sus errores y que tiene mucho amor por entregar y que ¡Lo entrega!
Me he decidido seguir apoyándole siempre, pasara lo que pasara, dijesen lo que dijesen.

También tengo que mencionar a Dryan.
A veces me pongo a ver fotos de antiguos conciertos en los que él estaba presente, de sus conciertos o de las quedadas y ¡Dios santo, cuanto ha crecido! En a penas meses ha crecido tantísimo, como persona y por supuesto como artista. Cada día va subiendo un escalón más, cada día la gente comienza a reconocerle y a saberse sus canciones. Me encanta, me encanta todo lo que está creciendo y logrando.
Tengo claro que esté año seguiré junto a él, apoyándole y dándole la fuerza que necesita. Y también la lata, que eso no lo necesita pero se la daré.

Juanma y Bady.
Este año han pasado tantas cosas, tantos momentos vividos que de verdad no me cabe todo en una misma entrada.
Con Juanma he vivido cientos de cosas a pesar de conocerle poquísimo, tanto buenas como malas. Creo que gracias a esto me he dado cuenta de cuanto le quiero y de que no quiero que se vaya jamás de mi vida, nunca.
A Bady lo conozco ya desde hace años pero una vez más me ha demostrado que a pesar de todo me tiene cariño y que siempre quiere que esté bien y que aprenda de mis errores.
¡Os prometo que he aprendido de cada uno de ellos!

Por último, gracias a todas las personas que han formado este 2014 incluyendo a las que me han hecho sufrir y llorar. A ellas también, porque han estado presentas aunque sea para joderme.

Espero empezar el 2015 pisando fuerte, con ganas y con muchas ganas de cumplir sueños.

¡Nos vemos en 2015! 

sábado, 8 de noviembre de 2014

"¿Se puede olvidar al primer amor?"

No, no podía olvidarse. Lara lo había descubierto. Había pasado un año y Lara seguía pensando en Daniel como el primer día.
Se habían distanciado, casi no hablaban ya. Ella le echaba de menos, mucho de menos.

Echaba de menos el poder abrazarle cada mañana, el poder despertarle a mordiscos, el hacerle rabiar, el robarle las galletas de dinosaurios. 
Echaba de menos estudiar y que de repente le viniese olor a su perfume y descubrir que él estaba detrás de aquella puerta para así poder sorprenderla con un pastel y un batido. 
Echaba de menos sus abrazos antes de entrar a clase, esa forma que tenía de achinar los ojos cada vez que sería, la forma en la que le miraba cuando ella le tocaba la guitarra o como se enfadaba cuando ella le ganaba a algún videojuego.
A Lara le dolía saber que su historia había acabado de verdad.

Daniel también la echaba de menos por ello iba a viajar y a pasar el verano con ella, la necesitaba cerca ya. A parte, necesitaba hacerla saber que las historias reales NUNCA tienen final y que por lo tanto la suya jamás iba a acabar.

Después de unas horas montado en un avión Daniel bajó de él, respiró tranquilo. Estaba en Málaga, su dulce Málaga. ¡Cuanto la había echado de menos!
Esperó unos minutos a la madre de Lara, esta le dio un fuerte abrazo y le dijo lo guapo y machote que estaba, esto le hizo reír y le hizo recordar las charlas que aquella señora de 45 años le había dado en el salón de su casa mientras Lara se duchaba o hacía algo importante lejos de él.

Le sudaban las manos, quería llegar ya. Lara estaba en el instituto, no volvería hasta dentro de dos horas por lo tanto le daba tiempo a organizar alguna sorpresa. Su madre los iba a dejar solos.

-Hasta luego, señora. ¡Gracias! - Dijo el chico despidiéndose

Cerró la puerta, fue a la habitación de invitados y de ahí sacó folios de color rojo. El color favorito de ella.
Comenzó a escribir en ellos y a dejarlos por distintas partes de la casa, el último papel estaba en la puerta de su habitación y tras ella, estaba él con un peluche gigante.

-Ya estoy en casa, ¡por fin a acabaron las clases!- Gritó Lara - ¿Mamá?

La chica caminó hasta la cocina, dejó su mochila roja y leyó el primer folio "Hola, te echo de menos". Un leve escalofrío recorrió su cuerpo. No podía ser Daniel, él estaba a miles de kilómetros de ella.
Cogió en papel y antes de subir el primer escalón se dio cuenta de que todos los escalones estaban llenos de papeles.

"Mucho de menos."
"Solo queria recordarte que..."
"Te amo"
"Y siempre te amaré"
"A pesar del tiempo, de los kilómetros..."
"Siempre serás mi primer amor"
"¿Y sabes qué?"
"El último también"
"Oye..."

Lara llegó a la puerta de su habitación cerrada, el último folio estaba allí.

"Las verdaderas historias de amor nunca se acaban..."

Cogió el folio de la puerta y sonrió. No sabe como había echo eso pero quería entrar en su habitación, quería llamarle y decirle cuanto le quería y cuanto le echaba de menos.
Agarró el pomo y abrió la puerta, al verle ahí, frente a ella, con el peluche gigante todos los folios se resbalaron de sus manos. Corrió hacia él y le besó, necesitaba besarle de una maldita vez. Le miró a los ojos y luego, le abrazó.

-Estás loco, muy loco. Te quiero, te quiero, te quiero. - Repitió
-Yo también, yo también.

Ellos sabían que esto de estar cerca no iba a durar mucho pero también sabían que se querían por encima del mundo, que su amor era real y que lo harían durar una eternidad.

Segunda parte de la historia de Daniel y Lara. 

domingo, 15 de junio de 2014

Según la Wikipedia los "post-it" son pequeñas hojas de papel autoadhesivo de varias dimensiones, formas y colores, aunque predominan en paquetes de varias hojas entre sí.

Ella tenía cientos de post-it en su habitación, guardados en el cajón, pegados en la pared, en la mesa, en la ventana, dentro de su armario o cajones e incluso tenía en el techo.
Los utilizaba para escribir recados de la compra, como siempre. La verdad que los post-it para ella era algo normal. Un trozo de papel que se puede pegar en cualquier sitio y en el que puedes escribir cosas pero tampoco te enrolles porque es muy pequeño. No te cabe mucho.
Pero los post-it ya son protagonistas en su vida, puede sonar raro pero es así. Y todo gracias a él.

Hace unos meses le conoció, cada vez que le veía le daba algo y en ese algo; fuese lo que fuese, había siempre un post-it pegado. Incluso aquella chica se ha llegado a dar un susto al levantarse y verse un post-it pegado a su pared al lado de la cama. Aquel chico le llenaba su habitación de post-it con cosas realmente bonitas, o a veces, con simples tonterías.

Volvía a casa después de un duro día de instituto, entró en su habitación y sintió que algo estaba totalmente cambiado. En su otro cristal, en único que le quedaba vacío había varios post-it que formaban un corazón.

"Esta noche va a ganar España, y lo sabes."
"Hicimos una apuesta, ¿Recuerdas? Si gana España me tienes que dar mil besos. Te lo recuerdo por si acaso."
"Por cierto, te echo mucho de menos."
"Te amo hoy, mañana, siempre."
"Pase lo que pase."
"Pierda o no España."
"Eso sí, aunque pierda me darás los besos; Lo sabes"
"No preguntes otra vez como entré en tu habitación, anda."
"Luego nos vemos, mi pequeña."

La chico sonrió, suspiró. Sin duda, su chico post-it era lo mejor que le había pasado. Él odiaba el fútbol, pero a ella no le disgustaba. Hacían apuestas siempre, aunque a algunos de ellos no le gustase aquella cosa. Era genial tener un novio que aparte de tu novio sea tu mejor amigo. Es genial compartir momentos maravillosos con él, que te llene la habitación de post-it y la cara de besos. Que no piense en ti las 24 horas del día, pero que sí te quiera las 24 horas.
Ella no le gustaban las parejas las cuales estaban siempre junto, aquellas que no podian hacer las cosas si alguno de ellos faltaba. Sentía que eso se podría convertir en una obsesión, que no era sano y que al final la relación se quemaba.
Pero gracias a Dios lo encontró. Encontró a la persona perfecta, encajaba con ella tan bien. Eran tan iguales pero tan diferentes. Y sobre todo, se querían y se respetaban. Se dejaban su espacio y no eran pegatinas.
Él es todo lo que ella soñó algún día.

viernes, 13 de junio de 2014

Caminaba con paso lento hacia aquel descampado totalmente solitario. Tenía muchísimo calor, había quedado demasiado temprano.
Pasó la mano por su frente con mucho cuidado para así no quitar el poco maquillaje que se había puesto. Le sudaban las manos, pero no era de la calor. Era de los nervios que recorrían cada parte de su cuerpo. Los nervios son capaces de controlar a las personas. Se sentía como una marioneta, los nervios la estaban controlando en aquel instante.
Debía tranquilizarse si no quería morir antes de llegar al sitio, debía intentar controlar a sus nervios en vez de ser al revés.

Minutos después había llegado, se sentó en el banco rojo. La noche anterior decidieron verse ahí. En ese mismo banco, a esa hora.
"Amigos, sois amigos. Tranquila. Esto es típico para ti." Se decía así misma.
Levantó su vista y sus ojos chocaron con los de un chico moreno. Era su chico. En ese momento se bloqueó. No sabía que hacer. No sabía si levantarse y caminar hacia él dándole el encuentro o quedarse ahí parada como la niña enamorada que estaba comenzando a ser.
El chico terminó por acercarse a ella y ella solo le regaló media sonrisa, pero este, la apretó fuerte contra su pecho.

Llevaban una hora sentados ahí. En aquel banco rojo de aquel descampado perdido. Se puede decir que estaban en total silencio, no se les escuchaba ni respirar. Cuando el chico le preguntaba cosas, ella solo asentía. Ella nunca decía nada, no sabía que decir. Después de una hora seguía sin saber que decir, exactamente. Se sentía inexperta y estúpida. También se sentía pequeña a su lado.

La chica lo miraba de reojo y sonreía para si misma. Le encantaba mirarlo y eso que nunca lo había podido mirar así, de esa forma, cerquita. Nunca había visto sus ojos en persona, ni su sonrisa, ni tampoco había podido sentir como los vellos se le ponían de punta al escuchar su dulce voz. Así que lo acababa de descubrir, acababa de descubrir cuanto le encantaba mirarlo, cuando le encantaba apreciar cada parte de su cuerpo. Su vista se paró en sus labios, sus pequeños y besables labios. Aquellos con los que noche tras noche soñaba con poder besarlos, con poder sentirlos, con saborearlos.

Pero eran simples sueños, por lo tanto ella debía quitar la vista ya de sus labios. Debía mirar a otra parte, debía parar de penar en esas cosas. No. STOP.

Realmente quería dar ese paso, quería decirle cuanto le quería, que se estaba enamorando de él y que por supuesto, tenía unas enormes ganas de besarlo pero no podía. No quería estropear la relación. No quería que todo se volviese frío.
Quizás tuviese que volver a vivir enamorada de un imposible, ¿Quién sabe?

lunes, 19 de mayo de 2014

Como cada mañana Lara colgó la mochila gris en su espalda y se dirigió a paso lento al instituto. Por el camino escuchaba a su artista preferido y cantaba mentalmente la canción. Era una chica alegre, siempre estaba sonriendo y cuando se reía todo el mundo reía con ella. Las personas de su alrededor pocas veces la habían visto triste, y si alguna vez estaba triste nadie lo notaba. Era muy reservada y no solía contar lo que sentía.
Aunque esa no era la realidad.
Ya no.
Lara ya no se colgaba su mochila gris con alegría y despedía a su familia gritando a plena mañana, ya no cantaba canciones mentalmente y ya no era tan reservada.
En su cara podía observarse que estaba sufriendo, que se sentía mal, que estaba triste. Podía verse las noches sin dormir y las horas que había pasado llorando.
Lo echaba de menos. Mucho de menos.

Una tarde fría de invierno lo conoció en la feria de su pueblo, estaba en los coches de choque con sus amigos. Vestía una camisa celeste y unos pantalones vaqueros. Tenía los ojos azules y el pelo marrón. Sin duda era el chico perfecto o eso pensó Lara.
Él la miró y ella le sonrió. Lara volvió su cara para así poder reírse, estas cosas la ponían nerviosa.
Un mes después paseaban juntos de la mano por los parques de la ciudad, se comían a besos y no podían estar el uno sin el otro.

Todo acaba. Todo tiene su final. Antes Lara no pensaba así pero ahora sí.
Jamás imaginaba que despertaría sin verlo a su lado. Echaba de menos los post-it en cada rincón de su casa diciéndole cuanto la quería, las tonterías que ponía en el cristal empañado del cuarto de baño y la risa que soltaba cuando la veía bailar con las canciones de su ídolo a todo volumen.

Daniel era un chico maravilloso. La quería, más bien ¡La adoraba! No podía vivir ni un segundo de su vida sin ella. Sin duda para él han sido los dos mejores años de su vida. Ha estado al lado de alguien que lo amaba de verdad, que lo respetaba y que lo hacía reír cada día.
A Daniel le encantaba despertarla con besos en su espalda desnuda, le encantaba hacerle cosquillas y que esta se enfadase por ello.
Lara era fan de las galletas de dinosaurios, era como una niña pequeña. Se enfada mucho si alguien se comía sus galletas y Daniel siempre se las comía. Él también era fan de ellas. Estaban realmente ricas.
Más de una vez ha tenido que bajar al supermercado a comprar las dichosas galletas que tan buenas están porque Lara se enfadó al ver que la caja estaba vacía y más de una vez él no fue el culpable si no el diablillo que tenía como hermano.

Daniel también estaba sufriendo. Tenía el rostro cansado y sus ojos hinchados de llorar. No quería separarse de ella. Le suplicó a su madre una vez tras otra que se quedaran aquí, que estaban bien aquí pero ella se negaba una y otra vez. Tenía que partir. Tenía que irse lejos de su ciudad. Tenía que irse fuera de España.
Le producía una gran tristeza por sus amigos pero lo que más le dolía era ella. La pequeñaja de Lara. La niña que había robado su corazón y la había enamorado por primera vez. Ella estaba en su cabeza siempre y sabía que estaría durante un buen tiempo.

Ninguno de los dos quería separarse pero debían hacerlo.
El beso de la despedida fue el más doloroso. Sabían que sería el último beso, sabían que no volverían a sentirse jamás. Sabían que no volverían a estar juntos. Dolía tanto.
Lloraban muchísimo y la gente de aquel aeropuerto de Málaga los miraba con gran desesperación. Por las mentes de aquellos desconocidos pasaban cosas como "¿Por qué lloran?" "¿Son pareja?" "Estas cosas no deberían de pasar" y miles de pensamientos más pero por la cabeza de Daniel y Lara solo pasaba una "No quiero irme de tu lado". Resonaba una y otra vez en sus cabezas, los estaba atormentando. Pero por desgracia el avión de Daniel salía en quince minutos y él se tenía que marchar para siempre.
Se abrazaron fuerte por última vez y un "adiós" susurró en los labios de ambos.

Ahora tocaba sufrir, llorar, no dormir y olvidar. Tocaba olvidar aquel sentimiento tan fuerte.
La duda es, ¿Se puede olvidar al primer amor?

viernes, 2 de mayo de 2014

Cuando estás sola intentas que nadie se de cuenta de que estás sola para que así no puedan reírse de ti, para que así no te miren raro, para que así no te juzguen.
Intentas parecer que haces algo, intentas parecer que estás ocupada.
Abres un libro, pero realmente no estás leyendo. Coges el móvil pero en realidad no tienes nada que mirar. Lo que sea, pero intentas que no te vean sola.
Siempre con la cabeza agachada, por miedo a mirar a todos los de tu alrededor a los ojos.
Quizás todo sería mejor si aquellos que se ríen, aquellos te que miran raro o aquellos que te juzgan por estar sola se sentasen a tu lado. Susurrasen un "Hola" o simplemente un "¿Qué estás leyendo?" aunque odie leer.
Quizás esas personas ni se imaginan cuanto duele estar sola, verse sin nadie, mirar a tu lado y no tener a nadie con quien comerte el bocadillo y contarle lo que hiciste la tarde anterior. No se imaginan cuanto duele escuchar como los del banco de al lado hablan de ti y que tú, mientras tanto, pareces ver algo en el móvil pero en realidad estás escuchando todo y tragando para así no poder llorar y gritar que te dejen en paz, que te olviden, que hagan como si no existieses y que se metan en lo suyo.
Ellas tan bonitas, con esos tacones que parece que puede tocar la luna. Ellas, con tantos chicos alrededor y tantos amigos que las adoran. Ellas, que tienen siempre a su lado a alguien que las abracen. Ellas, que jamás en la vida se han sentido solas.
¿A qué es fácil mirar a aquella chica con malos ojos? ¿A qué es fácil reírse de ella? ¿A qué es fácil señalarla e insultar? ¿A qué es fácil tratarla como una mierda? Pues ¿Sabes qué? Que para ella no es fácil. Te aseguro que no lo es. Ella quiere que la trague la tierra, ella quiere mirarse al espejo y sentirse bonita, ella quiere que la abracen y le digan que la quieren, ella quiere tener gente a su alrededor.
¿Sabéis que ella no era así? Ella sonreía siempre, ella le sonreía hasta a gente que no conocía. Ella era extrovertida y estaba loca. Lo sigue estando, pero no con todo el mundo. Guarda su yo real en su interior porque tiene miedo. Mucho miedo. Ella ha comenzado a tener miedo a la gente, a tener miedo a relacionarse e incluso, tiene miedo a tener amigos por miedo a que le fallen y la abandonen. Ella antes se sentía bien, ahora simplemente no siente nada por ella misma.
Claro, que fácil es hablar sin conocerla. Sin saber de ella. Que fácil es no meterse en la piel de alguien que sufre cada día, que quiere salir pero no puede.
¿Os digo algo? Esto es algo que también criticáis. Él. Ella lo ama incondicionalmente y lleva junto a él desde que comenzó a ser una adolescente con las hormonas revueltas. Y ustedes solo la criticáis cuando ella da lo que puede por él. Ustedes la juzgáis y la hacéis sentir mal, peor de lo que se siente. Ella que aguanta cosas en su vida diaria, y llega aquí para estar junto a él y se vuelve a meter gente estúpida de por medio intentando hundirla. Que triste y que duro, eh. Que triste no entenderla, no comprender que tiene a una persona que la levanta de cada caída y que le seca las lágrimas a distancia. La única persona en su vida que la abraza fuerte y no la juzga. La única persona que cuando la mira la hace sentir las mariposas en su estómago. La única persona que hace que se sienta nerviosa. La única persona que sigue ahí a pesar de todo.
Y eso, siendo lo más simple y fácil de entender; Tampoco lo comprendéis.
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Maldita sociedad, malditas personas estúpidas, maldito mundo. Maldita gente que hace sentir menos a personas más débiles que ellas. Maldita gente que que paga su enfado con los demás. Y maldita gente estúpida que hace daño.
Malditos. Malditos todos.

domingo, 6 de abril de 2014

Queridas personas que me leen:
Nunca confiéis en nadie, nunca cerréis los ojos y penséis cosas que pasarán junto a esa persona, nunca tengas ganas de comértelo a besos ni mucho menos no quieras abrazarlo. No te ilusiones, y no creas nada de lo que él dice porque al final él te olvidará y te quedarás con tus estúpidos sueños, tus imaginaciones, tus penas y tus ganas mientras él piensa en todo menos en ti.

martes, 1 de abril de 2014

Ella era una chica loca pero a la vez tímida, sobre todo cuando hablaba con él. Amaba hablar con él. Amaba leerle y escucharle durante horas, amaba ver como el reía a carcajadas o la corregía cuando hacía o decía algo mal, en muy poco tiempo él le enseñó grandes cosas.
Con él no necesitaba ser otra persona, no necesitaba esconderse ni tener miedo, simplemente podía ser ella misma sin miedo a que la juzgase; Sabía que él nunca lo haría, nunca la señalaría, ni nunca se reiría de ella.
Él era diferente, o eso parecía. No solía sonreír, pero cuando lo hacía el mundo se paraba para ver su sonrisa. Su voz era muy dulce y tranquila, así que si ella estaba nerviosa solo tenía que poner una de sus grabaciones para así poder tranquilizarse.
Ella no sabía como olía él, ni tampoco había sentido sus abrazos pero eso no impedía quererlo un poco más cada día.
Realmente, ella se sentía triste aunque sonriese. Sentía que él se alejaba, e incluso, que ella era la que lo había espantado. Sentía que una vez más volvían a huir de ella, y la volvían a tomar por una loca adolescente. Ella solo tiene ganas de aprender y de que la enseñan a ver lo bonita que puede llegar a ser la vida pero, tristemente, ella no tenía a nadie que la abrazase en los momentos difíciles, no tenía a nadie que le dijese lo bien que había hecho algo o cuanto la había cagado. No tenía a nadie, porque sinceramente, él era la única persona a la cual podía contarle todo aquello que sentía en cada momento sin miedo a nada.
Junto a él, ella dejó de tener miedo, no del todo, pero eran pequeños instantes de total serenidad y total positividad para ella. Sentía que nadie la volvería a hundir, nadie la volvería a tocar, ni mucho menos, nadie la volvería hacerse sentir menos que nadie pero tristemente todo acaba, como esta pequeña historia que a penas duró semanas, lo importante es que ella aprendió cosas, pero ella no puede negar que una parte de su roto corazón sigue echándole de menos y que todo sería mejor si él volviese a su lado, si la volviese hacer sonreír y si la volviese hacer fuerte como él lo estaba haciendo.

lunes, 31 de marzo de 2014

¿Dónde están todas aquellas promesas? ¿Las olvidaste? Yo creo que sí. Olvidaste las promesas, las fotos, los juramentos, las notas de voz. Hiciste lo que un día dijiste que jamás harías... Me olvidaste y yo vuelvo a caer todavía más.
Me pregunto ¿Cómo puedo querer tanto a alguien que jamás he abrazado? Y no obtengo respuesta. Todos los días me hago la misma pregunta y todo acaba en un triste silencio donde ni si quiera mi corazón habla.
Es tan triste sentirme así, sentir que una vez más me han vuelto a fallar, que tan solo era una distracción, un simple juego.

viernes, 28 de marzo de 2014

Hoy no venga hablaros de mí, vengo hablaros de él.

¿Qué digo que la gente no sepa ya? Bueno, quizás ustedes no sepáis muchas cosas pero siempre me gusta decir una parte como las cosas tan mágicas que me hace sentir.
Para mí no es un simple cantante, ni un simple chico que canta y punto; Para mí es mucho más que eso.
Sin mentir y prometiéndolo, yo a él lo amo. Lo quiero tantísimo que me asusta a veces. Y es que, en todo lo que llevo de vida nadie me había abrazado tan fuerte como él lo hace, parece que una parte de él sabe que necesito un abrazo fuerte, un abrazo dado por todos aquellos meses sin poder abrazarlo.
Es tan duro para mí no poder verlo seguidamente, porque mi corazón, mi mente y mi cuerpo lo echa tanto de menos que a veces duele.
Pero es muy bonito vencer la distancia, y verle ahí, al final de aquella sala, sonriendo y dándome cuenta que otra vez el destino nos ha vuelto a unir, y que otra vez voy a poder sentirle cerca y oler aquella colonia que tanto me gusta.

Sin dudarlo un segundo; No lo cambiaría por nada del mundo.


jueves, 27 de febrero de 2014

Abrí la Bravo y vi como una niña de 17 años había conseguido hacer un libro, venderlo y que millones de personas lo leyesen.
Duele saber que yo jamás podré chocar con esa suerte, como yo digo, duele saber que por mucho que escriba y plasme mis sentimientos jamás nadie importante leerá lo que leo y jamás nadie me dirá un "Lo haces bien" en serio.
Soy una adolescente más en el mundo que se dedica a plasmar lo que siente, y que intenta transmitir todo lo posible con lo que escribe.
Yo no escribo por distrarme, ni por gustarle a la gente simplemente quiero que la gente sienta lo que escribo, que se vea reflejada en ello sin que yo lo hubiese hecho a propósito. Es decir, escribir algo y que alguien te diga que se ve reflejada es genial, porque sabes que en el mundo al menos una persona siente algo parecido o que es casi igual que tu, o que le ha pasado eso que has escrito. Es bonito escribir acerca de ti y que sin esperarlo alguien se sienta identificado.
Muchos escritores escriben para agradar a la gente, se sientan frente a un ordenador y esprimen su cabeza al máximo, sin ni si quiera tener ganas ni ánimos ellos lo hacen. No se dan cuenta de que esto no va así, al menos, yo no lo veo así. Pienso que todo es mucho mejor cuando te sale del corazón, cuando escribes sabiendo que lo sientes, pienso que las cosas que escriben algunos escritores dejan de tener sentido cuando me entero de que se ha exprimido la cabeza para sacarlo y que encima, lo ha hecho sin ganas.

Escribe lo que sientes, no lo que quieres sentir.

domingo, 16 de febrero de 2014

"Queriéndote en silencio."

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Participé en un concurso de mi instituto, se trataba de cartas de amor. Esta fue la mía:

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Queriéndote en silencio.


Hola mi amor, una vez más te escribo pero esta vez es diferente. Te estarás preguntando porque ha llegado a tu casa un sobre color azul, pues en las próximas líneas tendrás la respuesta.
Estoy harta de escribirte todos los días durante dos años, miles de cartas guardadas en el cajón, en el armario y hasta debajo de mi cama. Escribo a todas horas, cada vez que escucho tu nombre, cada vez que te echo de menos, cada vez que te veo...Siempre amor, siempre te escribo.

Esta mañana me he despertado con un fuerte dolor de cabeza, así que no he asistido a clase. Me he tomado unas pastillas, una tila y me he vuelto a tumbar en la cama, minutos después los medicamentos comenzaron hacer su reacción y yo quedé profundamente dormida. Soñé contigo, amor. Soñé que estabas junto a mí, que me abrazabas y decías cuanto me habías echado de menos. Desperté con una fuerte ansiedad y con lágrimas en los ojos, odiaba soñar cosas que nunca pasarán. Cerré los ojos, respiré profundamente y me bajé de la cama, mi madre no estaba en casa así que me hice el desayuno y mientras repasaba Literatura. Hoy tenía examen, supongo que mañana mi profesora me lo pondría. Leía una y otra vez la página 14 de aquel libro verde pero no había manera de que una sola palabra entrase en mi mente, estaba despistada, seguía pensando en aquel sueño donde tú eras el protagonista.
Volví a dormir y a soñar contigo, ¡Otra vez! Así que decidí escribirte una carta, como siempre hacía, pero esta vez sería diferente, esta vez la carta iba a ser enviada y tú la ibas a leer.
Se que te sigues preguntando porque tienes en tus manos la carta de una adolescente que está diciendo esta clase de cosas, se que te sigues preguntando que hago enviando esa clase de cosas a tu casa pero amor, no dejes de leer por favor, sigue leyendo, dame una oportunidad.

Mi amor, ¿Recuerdas el primer día que nos vimos? Seguramente no pero no te preocupes que yo te lo recuerdo.
Aquella discoteca perdida de Cádiz abrió sus puertas y cientos de personas entraron, incluidos tú y yo. Estaba con mis amigas, bailaba a lo loco, sin ton ni son, sin pensar en nada ni en nadie, quería olvidarme por un momento de aquellos odiosos libros de Matemáticas, Lengua e inglés, de todos los exámenes que tenía e incluso quería olvidarme un poco de mí misma. Bailaba fatal, lo reconozco pero me divertía y olvidaba todo lo que me rodeaba. Di vueltas y más vueltas hasta que choqué contigo, susurraste un “Perdón” y yo me quedé mirándote como una estúpida, tenías los ojos más bonitos del mundo. Tenían un color verde agua que hasta podía reflejarme en ellos. Me miraste preocupado y dijiste un “¿Estás bien?” yo asentí y sonreí.
Al salir de aquel sitio no paraba de pensar en tu voz, en tus ojos e incluso en esa manera tan peculiar que tenías de bailar, y por si te lo estás preguntando, sí, te miré durante toda la noche.

Aquel día comenzó una historia, pero en aquella historia solo estaba yo amor. Yo iba a verte cada vez que podía, yo veía cada red social tuya y sonreía al ver aquellas fotos que tenías en tus perfiles. Me volvía loca cada vez que sonreías o cuando nuestras miradas chocaban y conectaban por un momento. El tiempo pasaba y todo seguía igual, tú seguías tu vida, seguías creciendo y haciéndote un hombre pero en cambio yo seguía siendo la misma adolescente de siempre, seguía estando loca por ti, seguía mirando tus fotos en secreto y seguía sonriendo como una estúpida cada vez que te veía.
Te quería de tal forma que dos años después sigo sintiendo lo mismo que el primer día, y es que amor, cuando te digo que te quiero te lo digo en serio, porque en toda mi vida, jamás, he llegado a querer a nadie como te quiero a ti.
¿Has escuchado hablar de “las mariposas en el estómago”? Mi madre siempre me hablaba de ellas y me preguntaba si yo las sentía, yo siempre pensaba que cada día que pasaba los mayores inventaban mas cosas sin sentido y es que cariño, tú eres adulto ya, como mis padres y se que te has dado por aludido pero es así, cada día inventáis más cosas sin sentido o eso pensé en ese momento.
Pero todo cambia, la vida da un giro y pasa lo que jamás pensé que pasaría; Llegaste tú. Llegaste tú cambiando todo, cambiándome a mí, haciéndome sentir esas cosas llamadas mariposas. Y es que amor, cada vez que te veo mis mariposas despiertan y me hacen cosquillas en el estómago.

Mi escritor favorito dice que “las casualidades no existen, todo está escrito entre las nubes y las estrellas con tinta invisible, es una bonita manera de hablar del destino ¿No creéis?” Y tiene razón, tú no eres una casualidad amor, tú eres obra del destino. El destino me puso ante ti para que aprendiese amar, para que sintiese las mariposas que dice mi madre, para enseñarme que a veces los adultos tienen razón y también para enseñarme a sufrir un poco con un amor no correspondido.

Eres una de las personas más importantes de mi vida y sin que tú lo sepas, a distancia, te he estado cuidando todo este tiempo. A distancia, he estado mirando las diferentes sonrisas que tienes, tu forma de vestir, tu manera de reírte e incluso te he visto crecer. A distancia te he amado, te he extrañado, te he escrito e incluso te he llorado. Pero amor mío, yo ya estaba harta de toda esa distancia, estaba harta de que eso de mirarte y que nuestros ojos chocasen fuese una simple casualidad, estaba harta de observar detenidamente como tu vida sigue y yo estoy aquí parando la mía por mirarte a ti.

Amor mío que sepas que estaré ahí apreciando cada paso firme que des, que estaré ahí viendo como caes y como te levantas, que estaré ahí viéndote reír pero amor mío, el día que te vea llorar, aunque no quieras yo cortaré la distancia para poderte abrazar.

Te ama,

Marina.

PD: Se me olvidaba decirte que esto es solo una parte de lo que siento y que estaría encantada de poder decirte lo que me queda mirándote a los ojos, amor.


jueves, 6 de febrero de 2014


Quedan minutos para que tú cumpleaños acabe, princesa. Espero que tu día haya sido increíble, tan increíble como tú.
No suelo decirte muchas veces "Gracias", ya sabes, pero hoy te las digo en secreto; GRACIAS.
Esta carta, como otras tantas, no te llegarán jamás a ti pero por si a caso lees esto yo las escribo para ti.

El reloj de la cocina suena una y otra vez, las doce en punto. Mi hermano y yo corremos hacia a ti y te damos dos besos, yo hago algo extraño haciendo que los tres nos abracemos. Click. Foto guardada en mi memoria para el resto de mis días.
Tantos momentos juntas, tantas sonrisas regaladas, tantos abrazos dados, tantos besos en mi mejilla, tantos enfados, tantas cosas se guardan en mi memoria para siempre.

Estamos en la mesa sentado los cuatro. Vemos una película y reímos con ella, o nos quejamos, o le ponemos pegas al final tan feo que ha tenido. Las películas de tu hijo Emilio no son las mejores y lo sabes pero ¿Qué más da? A nosotros nos encanta que él las ponga, que él se queje o moleste porque nosotras nos quejamos, nos encanta porque sabemos que él existe y que mientras esté con nosotras seguirá poniendo cada película mala, seguirá quitándonos el mando de la televisión o seguirá alterándose por todo con gran facilidad. Después de cenar papá recoge la mesa, a pesar de estar cansado, de estar resfriado o de no tener ánimos él te ayuda. Después de ordenar todo se sienta en el sofá y al rededor de él, en ciertos instantes de aquella noche en Cádiz, se crea una burbuja. ¿En qué pensará, mamá? Quizás piense en el sonido que ha hecho tan raro hoy Aitora, en aquel ruido dichoso que hace Cristian cada vez que os ve alguno de los dos, en Max y Bingo moviendo sus rabos de felicidad al verlo llegar, quizás, seguramente, esté pensando en ti, o en nosotros, o en su vida, o quizás no esté pensando en nada.
Tú te sientas a mi lado y enciendes la Nintendo DS, aquella Nintendo vieja que a penas tiene fuerzas para seguir encendiéndose. Te distraes bastante tiempo con ella, te gusta jugar a aquel dichoso juego donde se tiene que utilizar el cerebro para jugar. Más allá de mi cara concentrada en las notas de voz que están enviando las Gorritas de Bady hay algo más, estás tú y ellos. Estáis todos. Están cada uno de esos momentos vividos.

Me encanta mirarte, observarte, ver el empeño que pones para que aquella comida te salga perfecta. Y me encanta ver tu cara al decirte que está muy buena, que sí, que vales para esto y que por favor, nunca dejes de hacerlo.
No suelo verte llorar mucho porque eres una mujer muy fuerte, eres una luchadora y se que puedes con todo lo que se te venga encima pero cuando lloras algo dentro de mí falla, mi cuerpo se para y no sabe como coño reaccionar ante tal cosa que estoy viendo. No me gusta verte llorar, o verte mal, o verte preocupada o sufriendo por algo.

Espero que nunca pienses que mi hermano y papá no te quieren, porque realmente, te queremos mucho. Eres una pieza ejemplar en nuestro puzzle familiar y nosotros sin ti no seríamos ni la mitad de lo que somos ahora.
Aquel grito para que estudiase, aquel grito para que no gritara, aquel grito para que despertase y ayudase a poner la mesa.
Aquellos gritos que nos enfadaron en el momento pero que a día de hoy agradecemos.

Levanten sus cuerpos junto a su copa y brindemos todos por ti, princesa.
Brindemos por cada sonrisa, cada mirada, cada gesto, cada palabra, cada abrazo, cada beso, cada enseñanza, cada palabra buena. Brindemos por ti porque te lo mereces.

Tú, la mujer que nos cuida. Nos cuidas más a nosotros que a ti misma, y eso, eso tiene un valor increíble. Nuestra madre, amiga, compañera, princesa. La mujer que nos ha enseñado tantas cosas, que ha luchado tanto por nosotras y que sigue ahí a pesar de todo. Esa mujer a la que le debemos la vida, y a la que damos gracias cada día, esa mujer; Mi madre, nuestra madre, y en el caso de papá; esposa.

Te quiero mucho, mamá. No te imaginas cuanto te quiero, de verdad. Gracias por tanto, princesa. Gracias...

Feliz cumpleaños.




martes, 4 de febrero de 2014

Te escribo sabiendo que no leerás esto ni por asomo, ¿Por qué coño ibas a leerlo? Me dejaste bastante claro que los textos largos no son lo tuyo pero yo hoy he tenido la necesidad de escribir, me apetece hacerlo, me apetece decir lo que siento a través de este blog ya que es el único que me escucha sin quejarse o darme la espalda.

Te echo de menos, ¿Sabes? No puedo decir que echo de menos tus abrazos, que me mires a los ojos o que me hagas rabiar y luego me comas a besos; Desgraciadamente no puedo decir eso pero si puedo decir que echo de menos escucharte, verte en una simple foto enviada o leer cada una de las tonterías que dices.

Las cosas pasan a una velocidad increíble, pasan rápido y casi sin darnos cuenta. Un día estás bien y otro quieres desaparecer. Un día no piensas en nada y otro día solo piensas en una persona concreta. Un día no tienes a nadie que te haga soñar y otro día llega esa persona que te hace sentir en las nubes.
Dicen que las cosas pasan por alguna razón, que si alguien entra en tu vida es por algo y cada día que pasa me pregunto ¿Por qué entraste en mi vida?. Me lo pregunto repetidas veces al día y no encuentro solución, y si, por casualidad del destino lees esto dime, ¿Por qué entraste en mi vida? ¿Para qué entraste en ella?.
Entraste y la pusiste patas arribas, todo comenzó a cambiar, mi corazón comenzó a cambiar otra vez y las mariposas ya revoloteaban por otra persona. ¿Error o era algo bueno? No tengo ni idea, en serio. Solo se que ocurrió y que ahora no puedo parar de sentir esas jodidas cosas que tanto me están molestando, no puedo evitar que me crezca un nudo en la garganta cuando leo cosas que no debería de leer, cuando siento cosas que no debería de sentir.

Miro el reloj e intento parar el tiempo. Párate, le grito. Necesito que se pare, necesito que las manecillas del reloj se congelen para así poder pensar un poco en todo lo que está ocurriendo y los cambios que estoy viviendo. Quiero que el tiempo se pare para poder mirar mejor todo lo que hay a mi alrededor, necesito mirar todo lo que hay e incluso mirarme a mí y a mis cambios repentinos.

Todo pasa tan rápido; Ya lo dije antes. Y odio que pase, ¡Lo odio!. Me gustaría que las cosas se hubiesen quedado como están, necesito que todo hubiese seguido igual, como ahora, pero no tú llegaste cambiando todo y poniendo esa magia en mi vida, haciéndome creer cosas que jamás creería, haciéndome pensar cosas que no debería y haciéndome sentir como hacía tiempo que no me sentía. Algo muerto volvió a vivir dentro de mí, y quizás, no esté bien que diga que eso no debería haber pasado porque sería llamarte "error" en mi vida y ni por asomo eres un error. ¡Jamás lo serías!

Llevo cinco meses conociéndote, no sé todo de ti pero siento que te conozco desde hace muchísimo. Mi cabeza ya guarda recuerdos de ti, sabe como te ríes y como hablas, sabe como te enfadas y como te pones cariñoso. Sabe tantas cosas de ti que te asustaría.

No dejo de pensar una y otra vez en aquel día que partiste mis esquemas y comenzó todo, y en el día que mi corazón fue destrozado al ver, que una vez más, me había equivocado.

viernes, 24 de enero de 2014

Abro mis ojos lentamente, y lo primero que veo es un gran ventanal por donde entra un estupendo sol. A las esquinas de ese ventanal hay unas cortinas rosadas con flores blancas. Me doy la vuelta y te veo, comienzo a recordar todo y sonrío. Por fin estás junto a mí.
Tienes lo ojos cerradas y una mano encima de la otra, el pelo despeinado y la boca entreabierta. Estás más bonito durmiendo.
Abres tus ojos y te miro con atención. Sonríes y me besas. Te abrazo fuerte.
Aquello que parecía casi imposible hoy está ocurriendo, hoy es real.
"Buenos días, fea." me susurras en el oído y luego, muerdes mi cuello. "Buenos días, estúpido" digo con una risita tonta.
Casi media hora después yo sigo tirada en aquella cama de sábanas rosas con flores, como las cortinas que vi esta mañana. Miro el techo, sin pensar en nada y en todo. Escucho un ruido y miro a la puerta, acababas de salir de la ducha, seguías un poco mojado, sobre todo tu pelo. Mojado, cayendo algunas gotas y despeinado. Estabas jodidamente sexy y tenía unas ganas enormes de volverte a comer, pero me resistí y me quedé observándote.
Te secaste un poco más con otra toalla, la tiraste al suelo y comenzaste a vestirte. Seguía mirándote y apreciando cada parte de tu perfecto cuerpo. Mis ganas de comerte aumentaban por momentos. Me miraste y sonreíste, posiblemente te estuviese intimidando. Quizás. Lo más seguro, vamos. Pero, me dio igual. Me gustaba mirarte, ver cada parte de tu cuerpo hasta lo que muchas personas no saben apreciar.
Como suena tu risa cuando está todo en silencio, tus suspiros de felicidad, la forma en la que sonríes, tú manera de decir las cosas, de hablar, de hacer que la autoestima suba de 0 a 10. Aquella forma que tienes de peinarte, o de mover el pelo. Cuando cantas a voces, mal, muy mal, ¡Fatal! pero lo haces muy motivado y eso hace que me ría y me motive también. Tu forma de ser, tu forma de sonreír y de ver las cosas. Tus enfados, mis piques, tu risa al picarme. Tú.

Pensé que nunca encontraría a alguien como tú, que me quedaría estancada, parada, pensando en alguien que no piensa en mí pero llegaste y cambiaste todo, hiciste que algo dentro de mí naciese y que volviese a creer en algo que ya no creía. Era algo jodidamente increíble, algo mágico, algo que pocas veces me pasaba y aunque la mayoría de veces esto me asustara, yo, seguía a tu lado. Queriéndote un poco más, extrañándote un poco más, pensándote un poco más, soñándote un poco más, haciéndome ilusiones, imaginando cosas que quizás, probablemente, no pasarán nunca.

jueves, 23 de enero de 2014

A veces la vida te sorprende, llega alguien diferente. Que no te trata con el odio como ellos, que no te da la espalda a primera de cambio, que te hace sonreír a través de una pantalla.
De repente llegó y aunque ella no lo pudiese tocar comenzaba a sentir cosas acojonantes por él.
Le encantaba escucharle reír, o cantar, o decir tonterías. Ella odiaba las cosas románticas, le parecía demasiado típico y asqueroso a la vez; pero él conseguía que le entrase la risa tonta cada vez que le decía algo. 

Solo tiene que cerrar los ojos para sentirlo, para imaginarlo a su lado aunque a veces eso se convierta en una real mierda. A veces, la mayoría, quiere tenerlo a su lado, quiere decirle cuanto lo quiere y lo que realmente siente. 

No era una simple distracción, no era un juego, no era un pasatiempo. Ella le quería de verdad, y ella estaba asustada. 
No quería sentir lo que sintió una vez, no quería llorar, no quería sufrir más porque estaba harta pero ella no podía parar el sentimiento, no podía dejar de sentirlo, no podía dejar de quererlo.
Él sonreía y a ella se le paraba el jodido mundo.
Le encantaba escucharlo, ver sus fotos, oír su risa, oler su colonia, leerle cada día.
La distancia no era nada, sus sentimientos eran más fuertes que todo.
A veces, es cierto, la destruía. Sí, la distancia destruía todo pero, la mayoría de veces ella agradecía que él existiese, que él estuviese aquí cada día, que no la olvidase.
Ella se sentía mágica cada vez que lo tocaba, lo rozaba, lo abrazaba. Se sentía fuerte, sentía que era alguien importante en su vida aunque quizás esto no fuese así.
Él la abrazaba y sentía que la protegía y que ninguna de esas personas la podrían destruir en ese mismo instante. En esos minutos a su lado.

Odiaba separarse de él; Lo odiaba. Odiaba verle marchar, verle como se alejaba y desaparecía en la oscuridad de la noche.
A veces, la mayoría, odiaba echarle de menos. Odiaba pensar cada nunca cuando volverá, cuando podrá abrazarlo y podrá sentirse como aquellos mágicos días de verano.
Quería mirarse al espejo y sonreír realmente en vez de mirarlo con aquel odio y aquel asco.
Quería volver a sentir esa magia que siente en su interior, quería escribir todo el día cosas bonitas, quería actuar en un gran teatro y fotografiar a cada animal del mundo.
Quería saltar en un concierto de su ídolo, abrazarle, y oler aquella colonia que tanto le gusta.
Quería enamorarse del chico correcto, verlo cada mañana, sentirse querida por alguien.
Quería volver a ver a aquella persona que tantas sonrisas le ha sacado, aquella persona que sin ser nada se convirtió en todo. Era otro héroe para ella.
Quería reír y que no le afectasen tantos las cosas.
No quería caerle bien a todo el mundo, odiaba eso, simplemente quería que no la juzgasen sin conocerla.
Quería sentirse bien después de tantos años.

Ella está sola en su habitación. Solo la alumbra la pantalla del ordenador. Está escribiendo lo que siente, como siempre hace. Le encanta escribir, es algo que la hace sentirse bien.
 Se siente sola y llora. Necesita un abrazo, sí, lo necesita. Un abrazo fuerte que la haga sentir que nadie podrá con ella.
Quiere que todo acabe, que todo termine. Que la historia tenga un punto final, que el libro aquel se queme. Está harta de vivir esta tortura cada día, de tener que ver sus caras, sus miradas inyectadas en odio, su forma de sonreír irónicamente, sus burlas, sus cotilleos. Esta harta de ellos.
Nadie la comprende, ni siquiera su madre. Ella se siente más libre desde aquel día y le cuenta las cosas con más facilidad, pero esta la ignora. Ella solo la hace sentirse peor, la hace sentirse como ellos la hacen sentir; Nadie. No pinta nada en este mundo.
Se siente vacía, rota, destruida.
Ha cambiado tanto desde aquel día, desde el comienzo. Desde que comenzaron a meterse con ella aquel puto día, desde que comenzaron a golpear su autoestima hasta no quererse ni un poquito.
Ella dice que quiere estar sola, pero en realidad desea que alguien le diga lo mucho que la quiere, que a pesar de todo no la dejará.
Ella prefiere leer un libros antes que fumar o beber, piensa que la mayoría de niñas de su instituto no piensan en su futuro y se destruyen poco a poco así mismas bebiendo, fumando, no estudiando.
En realidad ella se destruye así misma a veces, pero de diferente forma. Es algo totalmente distinto.

Seca sus lágrimas, no puede respirar. Necesita que todo cambie de una vez, necesita borrar el pasado y comenzar una nueva vida, o quizás dejar esta vida tan mierda y tan cansada que lleva.
Necesita que las cosas cambien de una vez por todas.

jueves, 9 de enero de 2014

Mean girls.

Me hacen sentir que soy diferente, algunos de mis amigos dejan de salir conmigo...Simplemente, no lo entiendo.
No sé porque no encajo, ¿Qué les he hecho? No sé que les hice, no he hecho nada malo.
Espero que las cosas mejores pronto, pero no creo que sea ahora, no siento que algo vaya a cambiar.

¿Alguna vez has ido a comer pero en el momento que llegas todos se han ido de la mesa?
Me llaman de todo menos por mi nombre, ¿Cuántas veces debo decirte que me llames Marina?
¿Cómo te sentirías si corrieras a casa llorando, te encerraras en tu cuarto porque no quieres que nadie te vea?
Mientras todos se divierten fuera, tú te dices a ti misma: No dejaré que me hagan esto, ya no me quiero sentir así. No puedo creer que lo deje ir tan lejos, no no, no estoy bien. ¿Qué sabes tú de mí? ¿Quieres saber lo que pienso? Chicas crueles, voy a deciros las cosas que siento y echaros de mi vida. Ustedes ya no gobiernan mi mundo.
¿Cómo te sentirías si cada vez que vas al instituto alguien te mira llamándote "perdedora"?  Todas estas chicas llevan chicle y ropa color rosa, y ahora se están riendo de mi blusa color azul.
Espero que te sientas bien tratando a alguien que no conoces como una perfecta extraña porque es más fácil insultarme que pararse a mi lado.
¿Quién te crees que eres, fanfarrona, estrella de cafetería?
Tal vez te comportes así porque alguien fue cruel contigo y piensas que debes hacer lo mismo. Un día podrías ser tú.
Cuando necesites a un amigo y ya no seas cool, cuando al entrar en tu clase todo el mundo te deje, sólo espero que te perdonen...


lunes, 6 de enero de 2014

Me gustaría volver a ser una niña pequeña.

Me gustaría ir a las cabalgatas de los Reyes Magos pensando que eran ellos los verdaderos, que realmente existían. Que tres hombres diferentes, entraban en mi casa y me dejaban unos regalos para hacerme feliz.
Me gustaría no dormir por las noches a causa de los nervios, y que por la mañana corriese hacia el salón y buscase mis regalos para así abrirlos.
Me gustaría volver a creer como antes creía, volver a soñar de la manera que soñaba antes.
Antes era todo muy fácil, solo necesitaba poner música a todo volumen y ya estaba en un gran concierto donde yo era la protagonista. Bailar hasta cansarme. Sentirme la protagonista de una película, y que mis muñecos estuviesen involucrados en la historia.
Correr y no cansarme. Sentirme viva, feliz. Sentir que nadie podía conmigo, que nadie me hundiría ni jugaría con mis sentimientos.

Me gustaría volver hacia atrás donde todo parecía perfecto.