jueves, 23 de enero de 2014

Ella está sola en su habitación. Solo la alumbra la pantalla del ordenador. Está escribiendo lo que siente, como siempre hace. Le encanta escribir, es algo que la hace sentirse bien.
 Se siente sola y llora. Necesita un abrazo, sí, lo necesita. Un abrazo fuerte que la haga sentir que nadie podrá con ella.
Quiere que todo acabe, que todo termine. Que la historia tenga un punto final, que el libro aquel se queme. Está harta de vivir esta tortura cada día, de tener que ver sus caras, sus miradas inyectadas en odio, su forma de sonreír irónicamente, sus burlas, sus cotilleos. Esta harta de ellos.
Nadie la comprende, ni siquiera su madre. Ella se siente más libre desde aquel día y le cuenta las cosas con más facilidad, pero esta la ignora. Ella solo la hace sentirse peor, la hace sentirse como ellos la hacen sentir; Nadie. No pinta nada en este mundo.
Se siente vacía, rota, destruida.
Ha cambiado tanto desde aquel día, desde el comienzo. Desde que comenzaron a meterse con ella aquel puto día, desde que comenzaron a golpear su autoestima hasta no quererse ni un poquito.
Ella dice que quiere estar sola, pero en realidad desea que alguien le diga lo mucho que la quiere, que a pesar de todo no la dejará.
Ella prefiere leer un libros antes que fumar o beber, piensa que la mayoría de niñas de su instituto no piensan en su futuro y se destruyen poco a poco así mismas bebiendo, fumando, no estudiando.
En realidad ella se destruye así misma a veces, pero de diferente forma. Es algo totalmente distinto.

Seca sus lágrimas, no puede respirar. Necesita que todo cambie de una vez, necesita borrar el pasado y comenzar una nueva vida, o quizás dejar esta vida tan mierda y tan cansada que lleva.
Necesita que las cosas cambien de una vez por todas.

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