Hoy me siento vacía.
En el pecho siento cosquilleo, tengo ganas de llorar y los ojos me escuecen.
No hay motivo aparente, simplemente me siento así.
Vacía.
Encima pienso mucho, demasiado.
Pienso en todas las personas que he perdido por hablar más de la cuenta y en las que perderé.
No sé porqué, pero es que últimamente siento que cada vez que hablo es para que la gente se decepcione de mí.
Siempre es así.
La gente entra y sale de mi vida a toda hostia, sin pausa y sin dejar si quiera un post-it pegado a la nevera.
Se van porque les da la gana, porque hablo más de la cuenta o simplemente porque se aburren de mí.
La última opción también es muy común.
¡La gente se aburre de mí!
Canso mucho.
Y no lo hago queriendo, lo prometo.
Intento controlarme, pensando que decir, como decirlo y en qué sentido decirlo pero cuando lo hago me siento un robot. Un jodido robot que es controlado por alguien, que le dice que hacer, como hacerlo y en que tiempo hacerlo.
Me hace sentirme mal.
Pero luego pienso que no tengo otra opción, que igual si pienso mucho la gente no se aburrirá de mí, no huirá y no se sentirá ofendida ante mis palabras impulsivas.
Por otro lado, me sigo sintiendo mal haciéndolo.
Porque como ya dije antes, me siento un puto robot siendo controlado.
Y es entonces cuando no sé que coño hacer, cuando crece el nudo en la garganta, me falta el oxígeno, los ojos escuecen y me siento más vacía que nunca.
lunes, 17 de abril de 2017
lunes, 10 de abril de 2017
Querido Mike:
Hace unas horas terminé El hielo de mis venas y te juro que sigo sintiendo ese cosquilleo en el estómago.
Cuando comencé este libro, detestaba a Darío.
Le había cogido cierta manía en El fuego en el que ardo, no te voy a mentir. Así que, comencé a leerlo con cierto rencor y cierta desconfianza hacia su persona.
No sabía que Darío iba a ser mi yo de hace apenas unos meses.
No me imaginaba que Darío iba a ser el primer personaje de un libro con el cual me sentiría identificada al cien por cien.
Cuando leí El fuego en el que ardo era una niña asustada que no tenía claro quien era.
Estaba perdida y lloraba muchas noches ante la confusión de mis sentimientos.
Como a Darío, la sociedad me enseñó lo que "estaba bien y lo que estaba mal". Me enseñaron a quien debía amar y como debía actuar.
Me sentía cohibida.
También, aprendí que podía ser blanco y como mucho negro. No sabía que existía el maravilloso arcoiris que te aportaba un sinfin de cosas distintas.
Gracias a tu historia me acepté en un 70%, por lo menos.
El hielo de mis venas llegó a mi vida hace menos de dos semanas, no pude leerlo por temas escolares pero en a penas dos días me lo he comido entero.
¡Y cuanto ha merecido la pena!
Darío es especial, Mike.
Hablo de él como si existiera porque para mí, existe. Para mí Darío es de carne y hueso.
Él estaba perdido, tenía miedo y sus monstruos lo atormentaban cada día, sin embargo amaba fuerte, sus sentimientos eran puros y supo aceptar todos y cada uno de sus errores.
El chico al que le cogí tanta rabia en el primer libro es ahora mi niño, mi persona favorita en el mundo de los libros.
He aprendido tanto con Darío, ¡no te haces una idea!
He aprendido que es maravilloso amar a quien nos da la gana, que no tiene porque ser blanco o negro.
He aprendido que todos tenemos oscuridad en nuestro interior, así como también, hielo y que debemos trabajar duro para derretirlo poquito a poquito.
También he aprendido que no todo es lo que parece, que a veces las personas llevan a cuestas una dura historia y por eso actúan de una u otra forma.
He aprendido a aceptarme un 10% más, tengo que seguir trabajando en ello.
Pero Mike, me siento libre.
Así como se sentía mi niño al final de esta bonita historia, aunque como ya dije antes tengo que seguir trabajando en quererme a mí misma (como él).
Estas cosas llevan su tiempo, yo sé que tú lo sabes, pero se que poco a poco, con pasitos pequeñitos pero fuertes lo conseguiré.
Te adoro.
Aunque no te conozca, lo hago.
Por todo lo que me has enseñado a lo largo de estos meses, por ayudarme a ser más yo y más libre.
Te adoro por todos esos vídeos cargados de buena información que me ayudan a aprender e incluso, a madurar.
Te adoro por haber sido fuerte, por seguir siéndolo.
Te adoro por tu valentía al escribir algo así, que no debe ser fácil.
Y por último, gracias.
Gracias por darnos voz, por enseñarnos tanto a través de un libro, por ayudar a cada una de las personas que te leemos a querernos y aceptarnos tal y como somos.
Al igual que Darío (e incluso Óscar) tú también eres especial. Muy especial.
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