jueves, 2 de noviembre de 2017

Querido noviembre:

Tu llegada se nota bastante.
Empieza a hacer frío y las mantas en el salón ya están visibles del todo.

Tu llegada hace que siempre eche de menos.
No me preguntes porqué.
Quizás es el frío que me hace querer estar al lado de los que ya no están.
Quizás son las noches de lluvia donde deseo que la persona que está lejos, esté cerca para así acurrucarme con él.
Quizás es el chocolate caliente con churros que merendé alguna tarde de invierno con alguien a quien no volví a mirar más a la cara.
Te repito, no sé porqué pero me haces echar de menos.

Aunque, querido noviembre, debo decirte que también me haces más vieja.
Noviembre, eres el mes donde sumo un año más.
De risas, llantos, caídas, subidas, heridas sanadas, historias escritas, capítulos cerrados y decepciones aprendidas.

Eres un mes agridulce, pero me gustas mucho noviembre.
Porque nombrarte suena bonito, porque al echar de menos me haces querer más lo que todavía tengo y sobre todo, porque me haces apagar velas.
Aunque muchos piensen que cumplir años es lo peor del mundo, a mí me gusta porque significa que la vida me ha regalado un año más y eso, querido noviembre, debo saber apreciarlo.

Ahora que he aceptado perderme en el universo de tus ojos,
no pienso frenarme.
Voy a seguir perdiéndome, los meses que hagan falta.

miércoles, 1 de noviembre de 2017


Me gusta escribir aunque no me lea nadie.

Decido abrirme en canal de vez en cuando, poco a poco saco todo lo que siento hasta quedarme vacía de sentimientos.
Suelo plasmarlo en alguna libreta perdida por casa o en un blog que me creé hace cinco años.

Me hace sentirme libre, me limpia por dentro y es básicamente, como salir al balcón y gritar fuerte.

Después de abrirme en canal, me coso.
Coso todas las heridas pasadas que personas decidieron dejar, porque aunque me vacie, la cicatriz siempre queda, siempre es visible.

Pero aún así me gusta escribir aunque nadie me lea, porque me leo yo y eso es suficiente.
Porque aprendo de mí misma y de lo que siento, porque me ayuda a controlarme.
Me ayuda a pensar, a recapacitar e incluso, a pedir perdón.

Así que gracias cuadernos y gracias blogspot, me habéis abierto un gran mundo.
Me habéis dado la opción de abrirme en canal, de vaciarme, de coserme y de crecer a base de letras.

Me siento afortunada.

domingo, 22 de octubre de 2017

Sí.
A ti te digo sí a todo.

Sí a tus enfados sin venir a cuento, a tus rabietas.
Sí a mirarnos a los ojos sin decir nada durante horas.
Sí al silencio de una habitación, con nosotros dos acariciandonos y disfrutando de ser.
Sí a mimarte en tu coche, en un parque o en una habitación de hotel.
Sí a entrelazar nuestras manos, a besarnos la frente, a enamorarme de cada cosa que provenga de ti.
Sí a aprender más, a crecer más, a ser más valiente a tu lado.
Sí a quererte más de la cuenta.

Sí a todo.
Contigo.
Porque nunca antes me había alegrado tanto de decir sí.
Contigo el sí cobró sentido. Significó algo.
Así que sí, cariño. Sí a todo.
Cuando te miro siento que te conozco de toda la vida, que una parte de mí ha estado esperando otra parte tuya.

Me sonríes y siento que ya me has hecho sonreír antes, que esa sonrisa me ha hecho reír a carcajadas hasta que los ojos me brillasen de felicidad.

Clavas tus ojos en mis ojos y siento que ya he naufragado por ellos, que me he perdido y me he vuelto a encontrar miles de veces.

Me abrazas mientras besas mi cuello, nuestros cuerpos se pegan bien y siento que ya he estado ahí antes, que ya me he posado en tu pecho, he sentido tu respiración en mi cuello y tus brazos apretando fuerte mi cintura.

Y cuando me besas siento que ya lo he hecho miles de veces, que te he besado miles de veces en distintos rincones de la ciudad. Parece ser que nuestros labios saben besarse a la perfección, saben encajar y eso hace que nunca quiera parar de besarte.

No sé, cariño pero siento que ya nos conocíamos de antes.
Años atrás.
O mejor dicho;
Vidas atrás.

viernes, 13 de octubre de 2017

Uno.

Hoy hace un año.

Hace un año todo se debatía entre dos caras, dos duras caras.
Mientras eso ocurría yo estaba en pijama, en el salón de casa ajena a todo.
Hacía apenas horas que acababa de volver del hospital, no estabas bien pero igualmente me sentía en paz.

Entonces, pasó.
Papá llegó.
Papá es super expresivo y transparante, como yo, así que no necesitó decir nada para contarme que te habías ido para siempre. Además, me abrazó fuerte y me hizo saber que estaba conmigo.

La verdad que fue la experiencia más dura que he vivido jamás.
No es comparable con nada de lo anterior, esta supera a todas.

En ese momento la tata Rosi me abrazó y mi hermano también. Fue algo que recuerdo con cariño porque mi hermano no suele dar de abrazos, así que lo guardo en la caja de momentos especiales que nos unió más.

En realidad, toda la familia se unió más, porque todos nos abrazamos mucho. Nos levantábamos el ánimo y nos cuidábamos los unos a los otros.

A veces me cuesta creer que haya pasado, que sea real.
Todavía no me lo creo y a veces tengo muchas ganas de coger el teléfono fijo y marcar tu número, que todavía guardo en mi memoria.

Eres tan especial para mí, que aunque te hayas ido sigues siendo mi persona favorita en el mundo.

Y como dice Defreds, ojalá siempre.
Ojalá te hubieses quedado aquí siempre, abuela pero a veces es mejor partir porque el mundo y las circunstacias duelen mucho.
Tú ya lo sabes.

Sólo decirte que te quiero un montón.
Te echo mucho de menos y ojalá tuviera un comodín para llamarte, para contactar contigo.
Ojalá pudiera ponerte al día de como ha cambiado mi vida desde entonces, de todo lo que he crecido, llorado, reído y aprendido.
Ojalá pudiera darte un abrazo fuerte y decirte mirándote a los ojos cuanto te echamos de menos aquí, cuanto te queremos.

Gracias por dejarme un puñado de momentos preciosos (como cuando me dijiste en el patio de tu casa mientras me abrazabas que me querías mucho, siempre guardaré ese recuerdo) pero sobre todo, gracias por enseñarme lo que es ser valiente, fuerte, luchadora y por hacerme saber que las mejores personas que tenemos en nuestra vida, en algún momento, deben marcharse porque es el ciclo de la vida.

Ya va un año desde que no estás, mi persona favorita, y el mundo parece que tiene menos color sin ti.

lunes, 25 de septiembre de 2017

A veces me pregunto porqué alguien querría estar con un desastre como yo.

Un desastre que no mira el tiempo porque hace todo corriendo.
Un desastre que se pone nerviosa por los exámenes, las quedadas, por las visitas sin avisar y las cosas no calculadas.
Un desastre que no controla. De matemáticas, de risas, de lágrimas y de palabras.
Un desastre que tiene días en los que sólo quiere abrazar fuerte y llorar, aunque no haya motivos.
Un desastre que tiene sueños pequeños aunque ella ya sea mayor.

Tal cual. Un desastre.
Un jodido desastre rebosante de dudas y miedos.
Un jodido desastre que, a veces, desea aprender. Avanzar. No dañar. Ser más fuerte. Más valiente. Más ella. Al completo.



jueves, 7 de septiembre de 2017

Hace casi un año de lo ocurrido y ojalá pudiera volver atrás.

Ay, tiempo ojalá me dieras unas horas más.
Unas horas más para sentarme en el sofá y observarla, unas horas más para comer con ella frutos secos, unas horas más para almorzar, merendar y cenar con ella.

Ojalá me dieras unos minutos más, tiempo.
Unos minutos más para besarla, para acariciar sus arrugas, para entrelazar nuestras manos, para perderme en sus ojos y para escuchar cuanto me quería.

Ojalá, tiempo. Ojalá tuvieras el poder de darme unos segundos más.
Unos segundos más para, simplemente, repetirle que la quiero.
Que no la olvido, que sigue viva en una parte de mí.
Para contarle que, las personas bonitas nunca llegan a morir del todo.
Que siguen vivas en nosotros, que la revivimos a recuerdos, a fotografías, a vídeos, a pensamientos e instantes compartidos.

Ojalá, tiempo. Ojalá pudieras hacerme volver al pasado para, simplemente, darme otra oportunidad.
Para apreciarla más.
Para quererla más.
Para vivirla más.
Para gastarla de tanto mirarla, para apreciar cada arruga.
Para hacerla sonreír, reír, carcajear.
Para abrazarla fuerte, no querer soltarla, que se queje y me diga que soy una pegajosa.

Ojalá, tiempo.
Ojalá tuvieras ese poder, el poder de volver para disfrutar aquellas cosas que yo no sabía que eran las últimas.

lunes, 4 de septiembre de 2017

Me gustaría saber si alguna vez habéis sentido ese dolor en el pecho, esa bola en la garganta, esa angustia y los ojos cristalizados.
Me gustaría saber si alguna vez os habéis sentido insuficientes y si habéis sentido que nunca hacéis lo suficiente.

Es una lucha diara.
Una lucha para controlar tus emociones, tus pensamientos, tu forma de actuar o tus expresiones.
Es tan difícil, porque es algo que va a toda mecha y que en muchas ocasiones se te escapa de las manos. Simplemente, no puedes controlarlas hasta que pasan o se calman.
Es una lucha diaria.
Una luchar diaria de querer parar algo que sientes porque sabes que ese sentimiento te hará daño, te ahogará, te hará llorar.

Pero es que es difícil controlar las emociones. Creo que lo más difícil del mundo.
E intentas decirte a ti misma que frenes, que te calmes, que no eres inútil.
Que hay días malos, que a veces se gana pero también se pierde y no pasa nada.
Que igual, mañana, será un día mejor. Y no te ahogarás. Axfisiarás. Ni llorarás.

Simplemente me gustaría saber si alguna vez os habéis sentido así.
Un poco solos.
Un poco perdidos entre tanto caos.

jueves, 31 de agosto de 2017

Sus ojos como respuesta a todas mis dudas, a mis inseguridades, a mis nervios, a mi timidez y a mis tonterías.

Que si me viene, sonríe achinando los ojos y le brillan más de la cuenta: yo me lanzo.
De cabeza si hace falta.

Y que queréis que os diga, si es que en sus ojos tiene mi mundo.
Tiene mis sonrisas guardadas, mis enfados, mis ojos mirando a los suyos.
En sus ojos guarda parte de mi mundo y todos los días deseo que no se le olviden nunca.
Que me recuerde. Durante mucho tiempo.
Y que cuando me mire, recuerde nuestros besos en un parque o en el coche. Que recuerde como me tocaba, me acariciaba o me mordía el cuello. Que recuerde las risas, las sonrisas, las idas y las venidas.
Que me recuerde, al fin y al cabo.

Yo que sé.
En sus ojos guardaba mi mundo y si los pierdo, significaría perder parte de mí.

sábado, 5 de agosto de 2017

No sé explicarlo.
Nunca me había pasado, hasta que llegaste tú.
Es tan difícil explicar lo que siento por ti a través de palabras.

Pero es cierto.

No sé como explicarte, para que entiendas, lo que me haces sentir cada vez que me miras.
Es como si el exterior no existiese, como si no hubiese nadie más que nosotros.
La gente de alrededor desaparece y nos quedamos solos, mirándonos.
Siento que no necesito nada más.

No sé explicarte, para que entiendas, lo que me haces sentir cada vez que me agarras de la cintura, me besas la frente o simplemente, me abrazas.
Esto sí que es inexplicable.
Es como una corriente eléctrica que viaja por cada rincón de mi cuerpo.
El vello de punta.
El corazón a mil por hora.
Mi cabeza pensando en mil cosas a la vez. En todas estás tú.

No sé explicarte que siento en general.
No sé explicarte lo que me haces sentir.
No lo sé.

Pero he leído por ahí que las mejores cosas, a veces, no tienen explicación.
Así que igual, no es tan malo no saber.


miércoles, 26 de julio de 2017

Y ojalá te enamores de mí.

Ojalá te enamores de mis miedos,
mis manías,
mi tonta forma de llorar por todo y reír por nada.

Ojalá te enamores de convertir todo lo que siento,
en letras.
Ojalá te enamores de mí fotografiándote a cada instante,
viendo cada película Disney,
llevando poca ropa y despeinada,
tapándome hasta arriba.

Ojalá te enamores de mí y consiga que tus miedos se vayan,
que te vuelvas poderoso y que me vuelvas poderosa a mí.

Ojalá te enamores de mí.
Aunque no sea eterno, pero que pase.

Quiero que te enamores de mí.

sábado, 22 de julio de 2017


Lo conocí y necesitaba escuchar su voz cada segundo de mi día porque era paz.
Me besó una tarde de verano sin que nadie se diera cuenta, a escondidas en una de las calles perdidas de mi ciudad y fue ahí cuando necesitaba que me besara en cada calle de este maldito mundo. Estuviese perdida o no.
Me abrazaba cuando se lo pedía y cuando no. Sin venir a cuento. A veces, me abrazaba rompiendo kilómetros y otras veces, después de haber hecho el amor.
Y me gustaba tanto.
Me gustaba tanto que me hiciese cosquillas, el sonido de su risa, arañarle la espalda, morderle el cuello y que minutos después, se vengue de mí.
Me gustaba tantísimo que me comiese a besos mientras me hacía reír a carcajadas, como se sentían sus manos encima de mi cuerpo y quedar para ver una película, cuando en realidad a quien quería observar durante dos horas era a él.

Lo conocí y sentí que, respecto al amor, no necesitaba conocer a nadie más.

domingo, 16 de julio de 2017

A ver cuando vienes y hacemos una lucha.
Una lucha de besos.
De miradas.
De caricias.
De cosquillas.
De ver quien abraza antes a quien.
Una lucha de cuentos, sin cosas tristes, ni corazones rotos.

miércoles, 28 de junio de 2017

Si quieres venir, ven.
Pero quédate.
Quédate en las noches frías, donde la nariz se nos congele.
Quédate en las noches calurosas, mientras saboreamos ese helado que tanto me gusta.
Quédate cuando esté enfadada.
Cuando no quiera hablar con nadie.
Cuando llore.
Cuando quiera gritar todo lo que siento.
Quédate cuando esté feliz, llore por ello y de saltitos de emoción.
Quédate para abrazarme, besarme y acaricarme.
Quédate hasta cuando yo no quiera quedarme, entrelaza nuestras manos y bésame la frente.
Igual así quiero seguir luchando por seguir adelante, por mirar al frente, por quedarme.
Tenía unos ojos bonitos.
Te atrapaban. Te abrazaban. Te protegían.
Pero a veces, te quemaban.
Y ese era el problema, que unos ojos adecuados nunca queman, nunca duelen, nunca te destruyen.

lunes, 26 de junio de 2017

Algún día os contaré la historia completa de una chica triste que sentía cosas bonitas por gente increible.
Se hacía ilusiones por todo y, como dice una Instagramer, le quedaban preciosas.
Cuando alguien la hacía reír, sentía mariposas en el estómago.
Cuando la abrazaban fuerte, rozaba la felicidad.
Cuando le decían cosas bonitas y sinceras, casi podía tocar esa felicidad.
Pero como ya he dicho, algún día os contaré la historia completa y espero que la chica triste tenga un final de cuentos Disney y pase de ser triste, a ser jodidamente feliz.

jueves, 1 de junio de 2017


Has sido mi más bonita casualidad.
Has cambiado mi año, por completo.

Llegaste en ese momento donde todavía usábamos sudadera, la lluvia caía muy de vez en cuando y todos corríamos para ocupar el puesto frente al calentador.

Te miraba, un poco a escondidas.
Eras tan trasparente, parecía que no tenías miedo de ser tú mismo.
Brincabas de un lugar a otro, te ponías excesivamente nervioso y gesticulabas más de la cuenta.
Me hacía mucha gracia.
Pero te miraba a escondidas, en silencio.

Pero la vida sigue y las casualidades aparecen.
Tú apareciste.

Pusiste un poco de color a mi vida, cosiste un poco mi corazón y me abrazabas sin venir a cuento.
Y es que me parecía tan bonito mirarte sin esconderme, apreciarte, descubrirte.

Ocho meses después sigues siendo así, transparente y con una personalidad arrolladora, capaz de llevarte cien tsunamis por delante.

Qué suerte tenerte, que suerte haberte encontrado, que suerte no haberte perdido.

domingo, 7 de mayo de 2017

Mamá, te quiero a rabiar.
Gracias por todos estos años dejándote la vida por mí.
Me faltarán vidas para agradecerte todo esto.

Pero es que, no sólo tengo que felicitarte a ti en este día.
Necesito felicitar a mi abuela, el segundo pilar de mi vida.
Mi segunda madre.
Mi compañera de risas, de aventuras.
La que se apuntaba a sofá, manta, comida y Canal Sur.
Hoy no está, pero merece ser felicitada.
Por todo lo que ha hecho, por lo que sigue haciendo en silencio.

Felicidades, abuela.
Has sido una madre ejemplar, de esas que saben escuchar sin interrumpir.
Has sido de esas madres que abrazan fuerte cuando deben y te echaba la bronca cuando lo merecías.
Has sido de esas de potaje, puchero y come mucho que tienes mala cara.
Has sido de esas que bailaba cuando había que bailar, brindaba entre lágrimas cada Navidad, cantaba canciones inventadas y se sacaba chistes de la manga.
Has sido de esas madres especiales, que dejan huella, que no se olvidan.
Has marcado tanto, has sido tan referente en mi vida que me es imposible no acordarme todos los días de ti. Echarte de menos. Desear que vuelvas.
Sigo sin acostumbrarme.

Te quiero y espero que algún día volvamos a encontrarnos, para abrazarte fuerte, para reír, para cantar, para enfadarnos y para ver juntas una película, retándonos a ver quien se queda dormida antes.

Quiero mucho a tu hija pero hoy, necesitaba felicitarte a ti especialmente.
Porque te lo mereces y porque no podré abrazarte fuerte, ni decirte lo especial que eres para mí.
Ojalá pudiera decírtelo una vez más, ojalá pudiera contarte todo aquello que no te conté y quería contarte.
Ojalá.

Has sido la mejor abuela/madre que puede tener alguien en su vida.
Gracias, mi Pilar fundamental.

sábado, 6 de mayo de 2017

Mi abuela tenía el poder de abrazar fuerte y curar las heridas más jodidas del corazón.

Por eso la quería.

lunes, 17 de abril de 2017

Hoy me siento vacía.
En el pecho siento cosquilleo, tengo ganas de llorar y los ojos me escuecen.
No hay motivo aparente, simplemente me siento así.
Vacía.

Encima pienso mucho, demasiado.
Pienso en todas las personas que he perdido por hablar más de la cuenta y en las que perderé.
No sé porqué, pero es que últimamente siento que cada vez que hablo es para que la gente se decepcione de mí.

Siempre es así.
La gente entra y sale de mi vida a toda hostia, sin pausa y sin dejar si quiera un post-it pegado a la nevera.
Se van porque les da la gana, porque hablo más de la cuenta o simplemente porque se aburren de mí.
La última opción también es muy común.

¡La gente se aburre de mí!
Canso mucho.
Y no lo hago queriendo, lo prometo.
Intento controlarme, pensando que decir, como decirlo y en qué sentido decirlo pero cuando lo hago me siento un robot. Un jodido robot que es controlado por alguien, que le dice que hacer, como hacerlo y en que tiempo hacerlo.
Me hace sentirme mal.
Pero luego pienso que no tengo otra opción, que igual si pienso mucho la gente no se aburrirá de mí, no huirá y no se sentirá ofendida ante mis palabras impulsivas.
Por otro lado, me sigo sintiendo mal haciéndolo.
Porque como ya dije antes, me siento un puto robot siendo controlado.

Y es entonces cuando no sé que coño hacer, cuando crece el nudo en la garganta, me falta el oxígeno, los ojos escuecen y me siento más vacía que nunca.

lunes, 10 de abril de 2017


Querido Mike:

Hace unas horas terminé El hielo de mis venas y te juro que sigo sintiendo ese cosquilleo en el estómago.

Cuando comencé este libro, detestaba a Darío.
Le había cogido cierta manía en El fuego en el que ardo, no te voy a mentir. Así que, comencé a leerlo con cierto rencor y cierta desconfianza hacia su persona.

No sabía que Darío iba a ser mi yo de hace apenas unos meses.
No me imaginaba que Darío iba a ser el primer personaje de un libro con el cual me sentiría identificada al cien por cien.

Cuando leí El fuego en el que ardo era una niña asustada que no tenía claro quien era.
Estaba perdida y lloraba muchas noches ante la confusión de mis sentimientos.
Como a Darío, la sociedad me enseñó lo que "estaba bien y lo que estaba mal". Me enseñaron a quien debía amar y como debía actuar.
Me sentía cohibida.
También, aprendí que podía ser blanco y como mucho negro. No sabía que existía el maravilloso arcoiris que te aportaba un sinfin de cosas distintas.

Gracias a tu historia me acepté en un 70%, por lo menos.

El hielo de mis venas llegó a mi vida hace menos de dos semanas, no pude leerlo por temas escolares pero en a penas dos días me lo he comido entero.
¡Y cuanto ha merecido la pena!

Darío es especial, Mike.
Hablo de él como si existiera porque para mí, existe. Para mí Darío es de carne y hueso.
Él estaba perdido, tenía miedo y sus monstruos lo atormentaban cada día, sin embargo amaba fuerte, sus sentimientos eran puros y supo aceptar todos y cada uno de sus errores.
El chico al que le cogí tanta rabia en el primer libro es ahora mi niño, mi persona favorita en el mundo de los libros.

He aprendido tanto con Darío, ¡no te haces una idea!
He aprendido que es maravilloso amar a quien nos da la gana, que no tiene porque ser blanco o negro.
He aprendido que todos tenemos oscuridad en nuestro interior, así como también, hielo y que debemos trabajar duro para derretirlo poquito a poquito.
También he aprendido que no todo es lo que parece, que a veces las personas llevan a cuestas una dura historia y por eso actúan de una u otra forma.
He aprendido a aceptarme un 10% más, tengo que seguir trabajando en ello.

Pero Mike, me siento libre.
Así como se sentía mi niño al final de esta bonita historia, aunque como ya dije antes tengo que seguir trabajando en quererme a mí misma (como él).
Estas cosas llevan su tiempo, yo sé que tú lo sabes, pero se que poco a poco, con pasitos pequeñitos pero fuertes lo conseguiré.

Te adoro.
Aunque no te conozca, lo hago.
Por todo lo que me has enseñado a lo largo de estos meses, por ayudarme a ser más yo y más libre.
Te adoro por todos esos vídeos cargados de buena información que me ayudan a aprender e incluso, a madurar.
Te adoro por haber sido fuerte, por seguir siéndolo.
Te adoro por tu valentía al escribir algo así, que no debe ser fácil.

Y por último, gracias.
Gracias por darnos voz, por enseñarnos tanto a través de un libro, por ayudar a cada una de las personas que te leemos a querernos y aceptarnos tal y como somos.

Al igual que Darío (e incluso Óscar) tú también eres especial. Muy especial.

lunes, 20 de marzo de 2017

Ella.
Ella y su sonrisa en cada foto.
Ella y su pelo despeinado.
Ella y sus manías.
Ella y sus quejas.
Ella y sus ojitos que cambian de color dependiendo del tiempo que haga.
Ella y su risa al ver una tontería.
Ella.
Ella.
Y más ella.
Pero siempre es ella.
Dulce.
Especial.
De las que se abren en canal con personas especiales.
Y hay que quererla, fuerte, sin pausa. No vale quererla a ratos.
A mí es que ella me encanta.
Y por ahora es ella y más ella, ¿Y qué queréis que haga?

domingo, 12 de febrero de 2017

TARAS


"-¿No crees que sería mejor si todos lo lleváramos escrito? 
-¿El qué?
-Lo que nos acompleja, lo que nos hace inseguros.
Nuestras taras. Las físicas y las que no son físicas."

Tengo muchas taras, no voy a mentiros. 
Así que he decidido escribirme lo primero que se me ha pasado por la cabeza, porque eso significaría que es la tara más grande que tengo.

La soledad.
Mi tara. Mi inseguridad. Mi mayor miedo.

Cuando pienso en quedarme sola, sin nadie más que yo misma, me vuelvo insegura y pequeña.
No me agrada. Me asusta. Me inquieta. Me da ansiedad.

Creo que las personas no estamos hechas para estar solas, para pasar una vida en soledad, sin nadie que nos abrace, nos mime, nos regañe y nos haga un poco más humano.
Así que pienso que no soy la única que tiene este miedo, que hay mucha gente ahí fuera con el mismo miedo que yo.

Mi tara es la soledad, sí.
No me gustaría empezar las tardes de clases sin un abrazo de mis amigos.
No me gustaría llegar a casa y que esté totalmente sola.
No me gustaría no sentir la presencia de mis amigas en una de esas tardes en las que no hacemos absolutamente nada.
No me gustaría estar sola. No me gustaría que me dejasen sola.

La mayoría de veces es un fallo de nuestro cuerpo, el sentir o pensar algo que realmente no existe o no sucede como en este caso.
No estoy sola pero tengo miedo a la soledad, a que pase.
Ya sabéis, los humanos somos todavía un misterio por descubrir.

Mi tara es la soledad y gracias a el corto de Roberto Pérez he decidido eliminarla.
Para eliminarla tenía antes que contarla, así que, ya lo he hecho. 
Ahora toca borrarla para siempre.






Todos tenemos nuestras taras.
Todos tenemos inseguridades, miedos, vértigos.
Todos nos hacemos un poco pequeños ante nuestros pensamientos, más frágiles.
Todos.

Todos tenemos taras pero, poco a poco, en nuestra vida aparecen personas que nos ayudan a eliminar esas taras cada día. (Gracias)
Aunque no es sólo cosa de ellas, también un poco de nosotros.
Bórrate esa tara del cuerpo, controla tus emociones, tu imaginación. Contrólate.
Y sobre todo, se feliz contigo.


"Puedes decirlo como quieras;
Escríbetelo en la piel, grítalo o haz un graffiti en la pared de un parque.
Pero dilo, porque decirlo te hará invencible."



sábado, 14 de enero de 2017

Hay personas que son luz.

Cuando estás apagada y tu cabeza tiene diferentes momentos puestos en bucle, necesitas a personas que te den luz.
Esa luz que hace que despiertes un poco, que te alumbra de tal forma que quema un poco los recuerdos en bucle y los hace desaparecer.

Las personas luz sanan un poco el corazón.
Te aportan mil cosas diferentes y mil sensaciones indescriptibles que desearías que nunca desaparecieran de tu cuerpo.

Hay 
Personas
Que
Son
Luz
Y cuán agradecida estoy de decir que yo tengo a muchas personas así.

Personas que llegan y te cambian la vida.
Personas que te abrazan con palabras, miradas, bromas y gestos.
Personas que te reviven, te sanan, te hacen ser tú sin tener miedo.
Personas por las que no te daría vergüenza caer delante de ellas porque sabes que te agarrarán fuerte, te apretarán y te ayudarán a seguir adelante.

A las personas luz hay que cuidarlas mucho.
Hay que mimarlas.
Hay que apreciarlas.
Y sobre todo, hay que intentar que su luz nunca se apague.