Si quieres venir, ven.
Pero quédate.
Quédate en las noches frías, donde la nariz se nos congele.
Quédate en las noches calurosas, mientras saboreamos ese helado que tanto me gusta.
Quédate cuando esté enfadada.
Cuando no quiera hablar con nadie.
Cuando llore.
Cuando quiera gritar todo lo que siento.
Quédate cuando esté feliz, llore por ello y de saltitos de emoción.
Quédate para abrazarme, besarme y acaricarme.
Quédate hasta cuando yo no quiera quedarme, entrelaza nuestras manos y bésame la frente.
Igual así quiero seguir luchando por seguir adelante, por mirar al frente, por quedarme.
miércoles, 28 de junio de 2017
lunes, 26 de junio de 2017
Algún día os contaré la historia completa de una chica triste que sentía cosas bonitas por gente increible.
Se hacía ilusiones por todo y, como dice una Instagramer, le quedaban preciosas.
Cuando alguien la hacía reír, sentía mariposas en el estómago.
Cuando la abrazaban fuerte, rozaba la felicidad.
Cuando le decían cosas bonitas y sinceras, casi podía tocar esa felicidad.
Pero como ya he dicho, algún día os contaré la historia completa y espero que la chica triste tenga un final de cuentos Disney y pase de ser triste, a ser jodidamente feliz.
Se hacía ilusiones por todo y, como dice una Instagramer, le quedaban preciosas.
Cuando alguien la hacía reír, sentía mariposas en el estómago.
Cuando la abrazaban fuerte, rozaba la felicidad.
Cuando le decían cosas bonitas y sinceras, casi podía tocar esa felicidad.
Pero como ya he dicho, algún día os contaré la historia completa y espero que la chica triste tenga un final de cuentos Disney y pase de ser triste, a ser jodidamente feliz.
jueves, 1 de junio de 2017
Has sido mi más bonita casualidad.
Has cambiado mi año, por completo.
Llegaste en ese momento donde todavía usábamos sudadera, la lluvia caía muy de vez en cuando y todos corríamos para ocupar el puesto frente al calentador.
Te miraba, un poco a escondidas.
Eras tan trasparente, parecía que no tenías miedo de ser tú mismo.
Brincabas de un lugar a otro, te ponías excesivamente nervioso y gesticulabas más de la cuenta.
Me hacía mucha gracia.
Pero te miraba a escondidas, en silencio.
Pero la vida sigue y las casualidades aparecen.
Tú apareciste.
Pusiste un poco de color a mi vida, cosiste un poco mi corazón y me abrazabas sin venir a cuento.
Y es que me parecía tan bonito mirarte sin esconderme, apreciarte, descubrirte.
Ocho meses después sigues siendo así, transparente y con una personalidad arrolladora, capaz de llevarte cien tsunamis por delante.
Qué suerte tenerte, que suerte haberte encontrado, que suerte no haberte perdido.
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