domingo, 7 de mayo de 2017

Mamá, te quiero a rabiar.
Gracias por todos estos años dejándote la vida por mí.
Me faltarán vidas para agradecerte todo esto.

Pero es que, no sólo tengo que felicitarte a ti en este día.
Necesito felicitar a mi abuela, el segundo pilar de mi vida.
Mi segunda madre.
Mi compañera de risas, de aventuras.
La que se apuntaba a sofá, manta, comida y Canal Sur.
Hoy no está, pero merece ser felicitada.
Por todo lo que ha hecho, por lo que sigue haciendo en silencio.

Felicidades, abuela.
Has sido una madre ejemplar, de esas que saben escuchar sin interrumpir.
Has sido de esas madres que abrazan fuerte cuando deben y te echaba la bronca cuando lo merecías.
Has sido de esas de potaje, puchero y come mucho que tienes mala cara.
Has sido de esas que bailaba cuando había que bailar, brindaba entre lágrimas cada Navidad, cantaba canciones inventadas y se sacaba chistes de la manga.
Has sido de esas madres especiales, que dejan huella, que no se olvidan.
Has marcado tanto, has sido tan referente en mi vida que me es imposible no acordarme todos los días de ti. Echarte de menos. Desear que vuelvas.
Sigo sin acostumbrarme.

Te quiero y espero que algún día volvamos a encontrarnos, para abrazarte fuerte, para reír, para cantar, para enfadarnos y para ver juntas una película, retándonos a ver quien se queda dormida antes.

Quiero mucho a tu hija pero hoy, necesitaba felicitarte a ti especialmente.
Porque te lo mereces y porque no podré abrazarte fuerte, ni decirte lo especial que eres para mí.
Ojalá pudiera decírtelo una vez más, ojalá pudiera contarte todo aquello que no te conté y quería contarte.
Ojalá.

Has sido la mejor abuela/madre que puede tener alguien en su vida.
Gracias, mi Pilar fundamental.

sábado, 6 de mayo de 2017

Mi abuela tenía el poder de abrazar fuerte y curar las heridas más jodidas del corazón.

Por eso la quería.