Quedan minutos para que tú cumpleaños acabe, princesa. Espero que tu día haya sido increíble, tan increíble como tú.
No suelo decirte muchas veces "Gracias", ya sabes, pero hoy te las digo en secreto; GRACIAS.
Esta carta, como otras tantas, no te llegarán jamás a ti pero por si a caso lees esto yo las escribo para ti.
El reloj de la cocina suena una y otra vez, las doce en punto. Mi hermano y yo corremos hacia a ti y te damos dos besos, yo hago algo extraño haciendo que los tres nos abracemos. Click. Foto guardada en mi memoria para el resto de mis días.
Tantos momentos juntas, tantas sonrisas regaladas, tantos abrazos dados, tantos besos en mi mejilla, tantos enfados, tantas cosas se guardan en mi memoria para siempre.
Estamos en la mesa sentado los cuatro. Vemos una película y reímos con ella, o nos quejamos, o le ponemos pegas al final tan feo que ha tenido. Las películas de tu hijo Emilio no son las mejores y lo sabes pero ¿Qué más da? A nosotros nos encanta que él las ponga, que él se queje o moleste porque nosotras nos quejamos, nos encanta porque sabemos que él existe y que mientras esté con nosotras seguirá poniendo cada película mala, seguirá quitándonos el mando de la televisión o seguirá alterándose por todo con gran facilidad. Después de cenar papá recoge la mesa, a pesar de estar cansado, de estar resfriado o de no tener ánimos él te ayuda. Después de ordenar todo se sienta en el sofá y al rededor de él, en ciertos instantes de aquella noche en Cádiz, se crea una burbuja. ¿En qué pensará, mamá? Quizás piense en el sonido que ha hecho tan raro hoy Aitora, en aquel ruido dichoso que hace Cristian cada vez que os ve alguno de los dos, en Max y Bingo moviendo sus rabos de felicidad al verlo llegar, quizás, seguramente, esté pensando en ti, o en nosotros, o en su vida, o quizás no esté pensando en nada.
Tú te sientas a mi lado y enciendes la Nintendo DS, aquella Nintendo vieja que a penas tiene fuerzas para seguir encendiéndose. Te distraes bastante tiempo con ella, te gusta jugar a aquel dichoso juego donde se tiene que utilizar el cerebro para jugar. Más allá de mi cara concentrada en las notas de voz que están enviando las Gorritas de Bady hay algo más, estás tú y ellos. Estáis todos. Están cada uno de esos momentos vividos.
Me encanta mirarte, observarte, ver el empeño que pones para que aquella comida te salga perfecta. Y me encanta ver tu cara al decirte que está muy buena, que sí, que vales para esto y que por favor, nunca dejes de hacerlo.
No suelo verte llorar mucho porque eres una mujer muy fuerte, eres una luchadora y se que puedes con todo lo que se te venga encima pero cuando lloras algo dentro de mí falla, mi cuerpo se para y no sabe como coño reaccionar ante tal cosa que estoy viendo. No me gusta verte llorar, o verte mal, o verte preocupada o sufriendo por algo.
Espero que nunca pienses que mi hermano y papá no te quieren, porque realmente, te queremos mucho. Eres una pieza ejemplar en nuestro puzzle familiar y nosotros sin ti no seríamos ni la mitad de lo que somos ahora.
Aquel grito para que estudiase, aquel grito para que no gritara, aquel grito para que despertase y ayudase a poner la mesa.
Aquellos gritos que nos enfadaron en el momento pero que a día de hoy agradecemos.
Levanten sus cuerpos junto a su copa y brindemos todos por ti, princesa.
Brindemos por cada sonrisa, cada mirada, cada gesto, cada palabra, cada abrazo, cada beso, cada enseñanza, cada palabra buena. Brindemos por ti porque te lo mereces.
Tú, la mujer que nos cuida. Nos cuidas más a nosotros que a ti misma, y eso, eso tiene un valor increíble. Nuestra madre, amiga, compañera, princesa. La mujer que nos ha enseñado tantas cosas, que ha luchado tanto por nosotras y que sigue ahí a pesar de todo. Esa mujer a la que le debemos la vida, y a la que damos gracias cada día, esa mujer; Mi madre, nuestra madre, y en el caso de papá; esposa.
Te quiero mucho, mamá. No te imaginas cuanto te quiero, de verdad. Gracias por tanto, princesa. Gracias...
Feliz cumpleaños.

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