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Participé en un concurso de mi instituto, se trataba de cartas de amor. Esta fue la mía:
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Queriéndote en silencio.
Hola mi amor, una vez más te escribo
pero esta vez es diferente. Te estarás preguntando porque ha llegado
a tu casa un sobre color azul, pues en las próximas líneas tendrás
la respuesta.
Estoy harta de escribirte todos los
días durante dos años, miles de cartas guardadas en el cajón, en
el armario y hasta debajo de mi cama. Escribo a todas horas, cada vez
que escucho tu nombre, cada vez que te echo de menos, cada vez que te
veo...Siempre amor, siempre te escribo.
Esta mañana me he despertado con un
fuerte dolor de cabeza, así que no he asistido a clase. Me he tomado
unas pastillas, una tila y me he vuelto a tumbar en la cama, minutos
después los medicamentos comenzaron hacer su reacción y yo quedé
profundamente dormida. Soñé contigo, amor. Soñé que estabas junto
a mí, que me abrazabas y decías cuanto me habías echado de menos.
Desperté con una fuerte ansiedad y con lágrimas en los ojos, odiaba
soñar cosas que nunca pasarán. Cerré los ojos, respiré
profundamente y me bajé de la cama, mi madre no estaba en casa así
que me hice el desayuno y mientras repasaba Literatura. Hoy tenía
examen, supongo que mañana mi profesora me lo pondría. Leía una y
otra vez la página 14 de aquel libro verde pero no había manera de
que una sola palabra entrase en mi mente, estaba despistada, seguía
pensando en aquel sueño donde tú eras el protagonista.
Volví a dormir y a soñar contigo,
¡Otra vez! Así que decidí escribirte una carta, como siempre
hacía, pero esta vez sería diferente, esta vez la carta iba a ser
enviada y tú la ibas a leer.
Se que te sigues preguntando porque
tienes en tus manos la carta de una adolescente que está diciendo
esta clase de cosas, se que te sigues preguntando que hago enviando
esa clase de cosas a tu casa pero amor, no dejes de leer por favor,
sigue leyendo, dame una oportunidad.
Mi amor, ¿Recuerdas el primer día que
nos vimos? Seguramente no pero no te preocupes que yo te lo recuerdo.
Aquella discoteca perdida de Cádiz
abrió sus puertas y cientos de personas entraron, incluidos tú y
yo. Estaba con mis amigas, bailaba a lo loco, sin ton ni son, sin
pensar en nada ni en nadie, quería olvidarme por un momento de
aquellos odiosos libros de Matemáticas, Lengua e inglés, de todos
los exámenes que tenía e incluso quería olvidarme un poco de mí
misma. Bailaba fatal, lo reconozco pero me divertía y olvidaba todo
lo que me rodeaba. Di vueltas y más vueltas hasta que choqué
contigo, susurraste un “Perdón” y yo me quedé mirándote como
una estúpida, tenías los ojos más bonitos del mundo. Tenían un
color verde agua que hasta podía reflejarme en ellos. Me miraste
preocupado y dijiste un “¿Estás bien?” yo asentí y sonreí.
Al salir de aquel sitio no paraba de
pensar en tu voz, en tus ojos e incluso en esa manera tan peculiar
que tenías de bailar, y por si te lo estás preguntando, sí, te
miré durante toda la noche.
Aquel día comenzó una historia, pero
en aquella historia solo estaba yo amor. Yo iba a verte cada vez que
podía, yo veía cada red social tuya y sonreía al ver aquellas
fotos que tenías en tus perfiles. Me volvía loca cada vez que
sonreías o cuando nuestras miradas chocaban y conectaban por un
momento. El tiempo pasaba y todo seguía igual, tú seguías tu vida,
seguías creciendo y haciéndote un hombre pero en cambio yo seguía
siendo la misma adolescente de siempre, seguía estando loca por ti,
seguía mirando tus fotos en secreto y seguía sonriendo como una
estúpida cada vez que te veía.
Te quería de tal forma que dos años
después sigo sintiendo lo mismo que el primer día, y es que amor,
cuando te digo que te quiero te lo digo en serio, porque en toda mi
vida, jamás, he llegado a querer a nadie como te quiero a ti.
¿Has escuchado hablar de “las
mariposas en el estómago”? Mi madre siempre me hablaba de ellas y
me preguntaba si yo las sentía, yo siempre pensaba que cada día que
pasaba los mayores inventaban mas cosas sin sentido y es que cariño,
tú eres adulto ya, como mis padres y se que te has dado por aludido
pero es así, cada día inventáis más cosas sin sentido o eso pensé
en ese momento.
Pero todo cambia, la vida da un giro y
pasa lo que jamás pensé que pasaría; Llegaste tú. Llegaste tú
cambiando todo, cambiándome a mí, haciéndome sentir esas cosas
llamadas mariposas. Y es que amor, cada vez que te veo mis mariposas
despiertan y me hacen cosquillas en el estómago.
Mi escritor favorito dice que “las
casualidades no existen, todo está escrito entre las nubes y las
estrellas con tinta invisible, es una bonita manera de hablar del
destino ¿No creéis?” Y tiene razón, tú no eres una casualidad
amor, tú eres obra del destino. El destino me puso ante ti para que
aprendiese amar, para que sintiese las mariposas que dice mi madre,
para enseñarme que a veces los adultos tienen razón y también para
enseñarme a sufrir un poco con un amor no correspondido.
Eres una de las personas más
importantes de mi vida y sin que tú lo sepas, a distancia, te he
estado cuidando todo este tiempo. A distancia, he estado mirando las
diferentes sonrisas que tienes, tu forma de vestir, tu manera de
reírte e incluso te he visto crecer. A distancia te he amado, te he
extrañado, te he escrito e incluso te he llorado. Pero amor mío, yo
ya estaba harta de toda esa distancia, estaba harta de que eso de
mirarte y que nuestros ojos chocasen fuese una simple casualidad,
estaba harta de observar detenidamente como tu vida sigue y yo estoy
aquí parando la mía por mirarte a ti.
Amor mío que sepas que estaré ahí
apreciando cada paso firme que des, que estaré ahí viendo como caes
y como te levantas, que estaré ahí viéndote reír pero amor mío,
el día que te vea llorar, aunque no quieras yo cortaré la distancia
para poderte abrazar.
Te ama,
Marina.
PD: Se me olvidaba decirte que esto es
solo una parte de lo que siento y que estaría encantada de poder
decirte lo que me queda mirándote a los ojos, amor.
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