sábado, 22 de julio de 2017
Lo conocí y necesitaba escuchar su voz cada segundo de mi día porque era paz.
Me besó una tarde de verano sin que nadie se diera cuenta, a escondidas en una de las calles perdidas de mi ciudad y fue ahí cuando necesitaba que me besara en cada calle de este maldito mundo. Estuviese perdida o no.
Me abrazaba cuando se lo pedía y cuando no. Sin venir a cuento. A veces, me abrazaba rompiendo kilómetros y otras veces, después de haber hecho el amor.
Y me gustaba tanto.
Me gustaba tanto que me hiciese cosquillas, el sonido de su risa, arañarle la espalda, morderle el cuello y que minutos después, se vengue de mí.
Me gustaba tantísimo que me comiese a besos mientras me hacía reír a carcajadas, como se sentían sus manos encima de mi cuerpo y quedar para ver una película, cuando en realidad a quien quería observar durante dos horas era a él.
Lo conocí y sentí que, respecto al amor, no necesitaba conocer a nadie más.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario