Ferdinand, la película.
La primera película que veo en 2018 y qué bien he elegido.
Desde pequeños nos dicen cómo debemos actuar, nos bombardean con miles de cosas para así intentar que seamos todos iguales.
Vestidos para niñas. Rosa para niñas. Princesas para niñas.
Guerreros para niños. Azul para niños. No llores, los chicos no lloran.
Y así todo el tiempo.
Pues con Ferdinand es algo así.
Ferdinand es un toro de lidia y el mundo le grita que debe ser bravo, valiente, guerrero.
Ferdinand debes pelear. Ferdinand debes matar. Ferdinand no huelas flores, porque eso no es ser un toro normal.
Ferdinand era diferente y se lo hizo saber a su padre, le preguntó algo así como "¿Qué pasa si mi sueños no son iguales que los tuyos, papá?".
Ferdinand rompió estereotipos y les hizo saber a sus compañeros -toros también- que había algo más allá de lo que les decían, que podían ser toros y querer tirarse en el pasto, oler flores y ser cariñosos.
Porque Ferdinand era así. Olía flores, cuidaba a su dueña y protegía a todo aquel que le rodeaba.
Ferdinand es una película de dibujos animados, sí, pero esta cargada de verdad.
Es un jarro de agua fría para todos aquellos que dicen que los toros no sufren, no sienten.
Para la sociedad, sus estereotipos impuestos, sus ganas de que seamos todos iguales, sintamos igual, querámos igual.
La sala de cine donde me encontraba hoy estaba repleta de críos y crías de diferentes edades.
Algunos mayores dicen que los niños NO tienen empatía, que no pueden ponerse en el pellejo de otras personas y menos aún de animales.
Igual no es que los niños no tengan empatía, quizás es que los mayores se la arranquemos a base de palabras y aprendizajes erróneos.
A mi lado había un padre junto a sus dos hijos.
En una de las escenas, donde el torero apunta a Ferdinand con la espada para así matarlo, la hija de este señor de aproximadamente 5 años, se tapaba la mitad de sus ojos y susurraba "No, no, no. Papá que no lo maten".
No sé que me hizo llorar más; si la reacción de la niña al ver como un señor con una espada quería quitarle la vida a un toro que, sin duda, no quería estar ahí -ni él, ni ninguno de sus compañeros- o la cría haciendo saber que es una niña pequeña pero que empatía no le falta.
Ferdinand es, sin duda, lo que todos necesitábamos.
Un rayito de luz en esta habitación oscura y gigante en la que vivimos.
Ese hilito de esperanza que necesitábamos visualizar.
Que los padres y madres llevéis a vuestros hijos a ver esta película, es una señal de que el futuro puede ir mejor porque Ferdinand les ayuda a saber que los animales sienten, sufren, lloran y sí, también alcanzan la felicidad.
Ferdinand les hace entender que no importa ser diferente, que es aburrido que todos seamos iguales.
A no juzgar, porque las aparencias engañan.
Y sobre todo, Ferdinand nos hace saber que siempre debemos empatizar, entender y finalmente ayudar a quiénes tenemos a nuestro lado. Da igual si es una persona o un animal, porque nadie es inferior, porque todos tenemos el mismo valor.
Gracias por hacer esto, Century Fox.
Y gracias, a los padres, madres, abuelas, abuelos, tíos, tías y en resumen, a todos los mayores que llevan a los más pequeños a ver esta maravilla visual, que sufren con la película y que ven, como a sus hijos, les nace la empatía y la expulsan por cada poro a cada instante de la película.
Hay muchos Ferdinand en el mundo y tenemos que salvarlos.


No hay comentarios:
Publicar un comentario