Ando por las calles, pérdida, pensando en nada y todo a la vez. Comienza hacer frío, me pongo mi abrigo. De repente, comienza a llover. No llueve mucho, y se respira un aire fresco. Me pongo el gorro, miro hacia arriba y sigo caminando. Veo todo lo que hay a mi alrededor. Como las gotas de lluvia caen formando pequeños charcos, como las madres con sus hijos en brazos corren para refugiarse, como parejas felices siguen su camino como si nada pasase. La lluvia no es nada comparado con su amor. Paso por un Hospital, mira hacia arriba, en los grandes ventanales hay una mujer mirando el cielo. Esta preocupada. Preocupada y triste, lo noto en su mirada y eso que desde donde estoy no se ve bien. A su lado hay un hombre, habla por teléfono supongo que con algún familiar. Tampoco parece muy contento. Pisos mas abajo, aparece un padre con un pequeño en brazos. Su pequeño. Está feliz. Ahí es cuando me doy cuenta de que los hospitales, a veces, no son tan malos.
Sigo mi camino, ha parado de llover. Me quito el gorro y me peino con las manos. Paso por el mismo parque que antes, en un rincón hay una pareja. La pareja de antes. Están felices. Sonríen y se besan. Están enamorados. En ese puto momento le pienso, le vuelvo a pensar. Vuelvo a pensar en sus abrazos, en sus besos, en su cara de niño bueno. Vuelvo a pensar en él una vez más. Una vez más de muchas. A veces me canso, me canso mucho. Hay días que me pregunto, "¿Por qué él y no otro?" días que me arrepiento de todo y días que me alegro de todo. Días que tengo fuerzas para luchar por aquel puto futuro y días que tiro la toalla. Pero cada vez que intento o pienso algo malo, todo desaparece. Él hace que eso desaparezca. Él viene a mí y me hace entender que es lo mejor que me ha podido pasar. Que no cambiaría su sonrisa por nada del mundo, que sus abrazos son únicos y que como él besa no besa nadie. Llega con su puta sonrisa y sus putas tonterías y hace que vuelva a ser yo. La misma chica de siempre. La adolescente enamorada del chico equivocado. La que sonría con una simple cosa, la mínima cosa. La que lo da todo por él aunque reciba pocas cosas a cambio. La misma chica que ha llorado por él varias noches, noches sola, encerraba den la habitación llorando como una estúpida. La estúpidas más enamorada de este puto mundo.
Quizás no sea perfecto, y no lo es, pero son sus imperfecciones las que me enamoraron también. Fueron sus enfados los que después de todo, me hicieron reír. Sus gritos, los que por un momento odíé. Aquellos gritos que me asustaron y que, luego, comenzamos a reírnos de todo aquello. Todo lo ocurrido. Fueron sus sonrisas las que me enamoraron. Su forma de decirme las cosas. Sus abrazos y sus besos. Fue él. Simplemente él. Fue él el que me enamoró. Fue él y no otro.
¿Sabes? Quizás no sea correspondido, pero yo lo voy a intentar.
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