domingo, 13 de septiembre de 2015


Ahora intento olvidar lo que me hace daño.

Intento olvidarte a ti y a tus sonrisas tímidas. A ti y a tu risa perfecta, esa risa que conseguía erizarme la piel. Intento olvidar tus manías, tus historias, tu sencilla forma de hacerme reír e incluso nuestros piques.

Suelo ver imposible olvidar a alguien que tengo junto a mí casi siempre, aunque no sea físicamente pero estás. Estás en una foto, en un mensaje, en el TL de Twitter o en cualquier otro lugar.
E incluso a veces, cuando salgo a pasear te veo. Te veo en aquel chico que lleva tu misma camiseta, aquella camiseta que me gustaba tanto y que adoraba verte con ella. 
También te recuerdo, te recuerdo cuando alguna persona pasa por mi lado y lleva tu colonia puesta.
Ya sabes, las colonias van enlazadas con personas y a mí me encantaba la tuya.

Por un momento llegué a creer en las historias de amor, en las risas a distancia, en las miradas que valen más que mil palabras y en los abrazos por sorpresa.

Llegué a creer en mí, en ti, en nosotros.

Pero nada de eso existía, existió, existirá.

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