Él me mira y sonríe. Mi cuerpo comienza a temblar y mi cara comienza a coger otro color.
Es especial. Sí, lo es. Es muy especial.
Es la única persona que consigue que me ponga de los nervios, que mi cara coja otro color, que tiemble, que llore, que grite, que tenga unas enormes ganas de vencer la distancia.
La distancia, la maldita distancia. Esa que hace que lo tenga a miles de kilómetros, la culpable de mis lágrimas a veces, la culpable de que lo que eche de menos.
Por culpa de ella tengo que cerrar los ojos para sentirle cerca, por culpa de ella tengo mirar fotos para poder recordarle con más claridad.
Aunque siempre le recuerdo, todos los días. A todas horas. Él siempre está en mi mente con algo que ha ocurrido. Con algo que pasó un día, o algo que me hizo.
Siempre recuerdo los abrazos, los besos, las sonrisas dedicadas, las miradas, las canciones. Siempre recuerdo cada momento junto a él.
Mi memoria olvida muchas cosas, la mayoría, pero cuando se trata de él no olvida nada. Lo recuerdo todo como si acabase de pasar, como si hiciese dos minutos él se hubiese montado en el coche y se hubiese marchado hasta yo no sé cuando.
Odio verlo marchar, ¡Lo odio!
La presión en mi pecho, las lágrimas agolpadas en mis ojos y mi pulso a mil.
Recuerdo uno de los peores días, ese día me afectó tanto su ida. Quedé destrozada.
Se subió al coche y yo le miré fijamente, comencé a llorar todavía más. De repente, el coche avanzó hasta desaparecer por aquellas calles de Cádiz.
Se fue.
En aquel momento no sabía nada, tampoco quería saberlo. No quería saber donde, ni con quien iba. Solo quería que volviese, solo quería que me abrazase fuerte y me dijese que volvería y que cuando volviese me abrazaría fuerte. Muy fuerte.
Recuerdo cuanto lloré aquel día, y cuanto me dolió.
Pero meses después volví a sentir sus abrazos, a escuchar su voz y verme reflejada en sus ojos.
No, jamás me querrá como yo le quiero a él. Jamás sentirá lo que siento yo por él.
Pero tengo claro que me abrazará de esa forma que solo él me abraza, y que me hará sentir única tres minutos de mi vida.
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