lunes, 17 de junio de 2013

Ella está ahí, sentada, en aquel banco. Su mirada está perdida, está distraída. En sus manos tiene una blackberry morada y en la pantalla aparece el nombre de una canción. Su canción preferida.
Está sola, con el paso del tiempo ha cambiado. No solo ella, si no los que la rodeaban. Se distanció de sus amigas, y, no entiende que hizo mal. Pero aprendió, poco a poco, a estar sola. A no fiarse de nadie. A no escuchar un "Te quiero" o un "¿Cómo estás hoy?", a no recibir muchos abrazos. Sola se fue adaptando a no depender de nadie.
Cada vez que ella se acuerda del pasado, sus ojos se llenan de lágrimas. Cada vez que necesita a alguien en quien confiar, no encuentra a nadie. Se la pasa sentada en la silla donde está su ordenador celeste mirando fotos y escuchándole. A él. Al niño que la hace feliz, y al que ella sabe, que pase lo que pase, nunca le fallará. Casi cinco años junto a él, y siempre ha estado ahí.
A veces llora, sola, sentada en un rincón de su habitación, en silencio, sin que nadie la pueda oír. Sin que nadie le diga que todo va a estar bien, que queda un hilo de esperanza, que las cosas, algún día, cambiarán.

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